
06.01.2026 06:22 a.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
La primera de la Feria Taurina de Manizales dejó una corrida de Mondoñedo seria y variada en comportamiento, marcada por la disposición y torería de Manuel Libardo y David Galván, y por la infortunada cogida que marginó de la tarde a Juan Sebastián Hernández, en un festejo de emociones contrastadas y verdad en el ruedo.
Manizales – Colombia. La Plaza de Toros de Manizales, en tarde de casi lleno y ambiente expectante, abrió su Feria Taurina con una corrida de Mondoñedo que respondió, ante todo, a la seriedad que exige una plaza de primera. Desde el paseíllo, la emoción tomó cuerpo con el sentido homenaje al subalterno Ricardo Santana, quien, desde los medios, saludó al público entre una sonora ovación y repetidos gritos de “¡torero, torero!”, gesto que impregnó de solemnidad y memoria una tarde llamada a la verdad.
En el capítulo ganadero, Mondoñedo envió un encierro correctamente presentado, con trapío y cara de toros adultos, de juego desigual pero interesante, que obligó a los actuantes a mostrar recursos, firmeza y oficio. El primero fue bravo y noble, con clase, aunque limitado de casta y fuerza, viniéndose a menos, pero dejando buen recuerdo y siendo aplaudido en el arrastre. El segundo, encastado y noble, resultó tardo y algo reservón, sin terminar de romper por falta de bravura y clase. El tercero, bravo, tardo y fijo, fue el más exigente del envío: encastadito, con teclas que tocar y de los que piden credenciales, complicando la lidia y poniendo a prueba a la cuadrilla. El cuarto y el quinto, ambos nobles y fijos, acusaron clara falta de casta y se desfondaron pronto, con pitos para el quinto en el arrastre. El sexto, bravo en su salida, humilló y repitió con nobleza, pero también acusó esa falta de fondo que impidió el vuelo alto de la faena.
En este contexto se movió Manuel Libardo, que dejó clara su disposición desde el saludo capotero al primero de su lote, con verónicas de buen trazo y sabor, templadas y bien rematadas. Con la muleta, hilvanó una faena de tandas ligadas, con empaque, valor sereno y torería por ambas manos, entendiendo las limitaciones del toro y apostando por el mando y la colocación. Remató con media lagartijera antes de la suerte suprema y, tras el acero, cortó una oreja de peso. Su papel fue más allá de lo artístico: como director de lidia, asumió con responsabilidad el trance vivido tras el percance de Juan Sebastián Hernández, pasaportando el tercero de lidia ordinaria con tres pinchazos y estocada, cumpliendo con pulcritud y sentido del deber. Con el segundo de su lote, quinto del festejo, volvió a mostrarse dispuesto en el capote, lanceando a favor del burel, y en la muleta dejó tandas diestras de parsimonia y torería, aunque el toro se vino abajo. Un pinchazo y una estocada desprendida cerraron su actuación, saludada con silencio.
David Galván fue, sin duda, uno de los nombres propios de la tarde. Al primero de su lote lo recibió con un bonito saludo capotero, templado y cadencioso. En la muleta firmó una faena de esfuerzo honesto, de torería sincera y valor, peleando con un toro que no regaló nada. La estocada quedó seguida de tres descabellos, lo que le valió palmas con dos avisos, pero dejó constancia de su entrega. Con el segundo de su lote, corrido en cuarto lugar, volvió a lancear con intención y ajuste. Ya con la pañosa, se plantó con sitio, decisión y arrojo, apostando por muletazos de arrimón seco que conectaron con los tendidos. La estocada fue efectiva y el premio, dos orejas, reflejo de una actuación de verdad. Cerró la tarde con el sexto, al que recibió nuevamente a favor del toro. En la muleta supo descifrar las teclas del animal, aunque la faena fue de más a menos en concepto y calidad, condicionada por el fondo del astado. El acero no ayudó y todo quedó en silencio.
La nota amarga llegó con Juan Sebastián Hernández, quien sorteó el tercero de la tarde. Lo saludó a la verónica con corrección, pero en la muleta no logró acoplarse con un toro exigente. En uno de sus intentos por encontrar sitio y mando, fue alcanzado, sufriendo una cornada superficial en la región poplítea izquierda, ascendente, de 7 centímetros. Fue atendido de inmediato en la enfermería de la plaza, con los primeros procedimientos médicos, y posteriormente trasladado al Centro Médico Santa Sofía de Manizales, quedando fuera del festejo por mala fortuna cuando aún no había podido decir su palabra.
Así transcurrió una primera de Manizales marcada por la seriedad del toro de Mondoñedo, la torería comprometida de Manuel Libardo y David Galván, y el infortunio de Juan Sebastián Hernández, recordando que la tauromaquia es rito, riesgo y verdad, donde cada tarde escribe su propia historia entre la gloria y el azar.
Ficha del Festejo
Lunes 05 de enero de 2026. Primera de la Feria Taurina de Manizales. Toros de Mondoñedo, correctos de presentación y de juego variado. Manuel Libardo: Oreja y silencio (pasaportó el tercero de lidia ordinaria tras la cogida de Juan Sebastián Hernández). David Galván: Palmas con dos avisos, dos orejas y silencio (en el que actuó por Juan Sebastián Hernández). Juan Sebastián Hernández: Herido en el único que lidió. Casi lleno en los tendidos.








