
02.02.2026 05:09 a.m.
Redacción: Jerónimo Baquero Toro – www.voyalostoros.com – Web Aliada
Una tarde histórica marcada por la casta de la ganadería Santa Bárbara, que culminó con el indulto de un extraordinario tercer toro. Jesús Enrique Colombo salió por la puerta grande tras un despliegue de facultades y mando (cuatro orejas, dos simbólicas), flanqueado por un Joaquín Galdós pletórico de temple (tres orejas) y un pundonoroso Leandro de Andalucía que logró tocar pelo en su segundo turno.
Lenguazaque – Colombia. La jornada taurina de ayer quedará grabada en los anales de la feria bajo el hierro de Santa Bárbara. La vacada ofreció un encierro de matices poliédricos, transitando desde la exigencia técnica de la aspereza hasta el paroxismo del indulto. Fue una corrida que obligó a la terna a vaciarse, desplegando una tauromaquia de registros tan variados como las embestidas que asomaron por chiqueros.
Leandro de Andalucía abrió plaza frente a un ejemplar que, tras un prometedor inicio de fijeza y nobleza, terminó por acortar el recorrido y desentenderse de los vuelos. Leandro, que había oficiado con aseo en el saludo capotero, se vio obligado a tirar de pundonor y oficio para someter una embestida que terminó huérfana de casta. La falta de rúbrica con la espada diluyó su esfuerzo en un silencio tras aviso. Sin embargo, el diestro se reivindicó en el cuarto, un toro "con teclas" que desarrolló sentido tras el primer tercio. Ante la compleja papeleta, Leandro porfió con una dignidad encomiable, culminando su labor con una estocada inapelable que le valió un apéndice de ley.
El magisterio y la seda corrieron por cuenta de Joaquín Galdós. Con su primero, un animal distraído y justo de fuerzas, el peruano dictó una lección de técnica y pulso. Logró la proeza de "sacar agua de un pozo seco" a base de temple y una parsimonia casi mística, arrancando una oreja de mérito. El cenit de su tarde llegaría en el quinto, un toro de nota que fue a más. Galdós lo leyó con una clarividencia absoluta, cuajando una faena que fue un compendio de poderío y estética. Tras un espadazo efectivo, paseó el doble trofeo entre el clamor de los tendidos.
La cumbre de la tarde, no obstante, tuvo como protagonista el idilio entre Jesús Enrique Colombo y el tercer ejemplar de la suelta. Se produjo el encuentro soñado: la bravura encastada y la clase suprema de Santa Bárbara frente a un torero en estado de gracia. Colombo gobernó la embestida con un mando imperial y una variedad inagotable en todos los tercios. La plaza, arrebatada ante la entrega del animal y la inteligencia del matador, rugió al unísono exigiendo el indulto, que finalmente fue concedido, otorgándosele las dos orejas simbólicas. No decayó el venezolano en el sexto, un toro que, pese a mansear en varas, tuvo franqueza en la muleta. Colombo tiró de poderío para cerrar su histórica comparecencia con dos orejas más en su esportón tras una estocada fulminante.








