
06.01.2026 06:20 a.m.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez
La primera de feria en Manizales dejó en evidencia el peso silencioso del trabajo de las cuadrillas: aciertos de mérito, saludos justificados y también dificultades propias de toros con condiciones cambiantes, en una tarde donde el oficio sostuvo la lidia aun en medio de la exigencia del público.
Manizales – Colombia. La apertura de la Feria de Manizales no solo puso a rodar el ritual mayor del toreo, sino que colocó bajo el microscopio una de las piezas más determinantes, y a veces menos valoradas, del engranaje taurino: el trabajo de las cuadrillas. En una tarde de contrastes, de toros que no siempre permitieron la ortodoxia ni la comodidad, los subalternos y picadores tuvieron que echar mano del oficio, la técnica y la capacidad de reacción para sostener la lidia con solvencia, aun cuando las circunstancias jugaron en contra.
Desde el primero de la tarde se marcó el tono de lo que sería la jornada. Reinario Bulla dejó una vara buena, medida y justa, entendiendo al toro y administrando el castigo con criterio, sin excederse ni quedarse corto. Fue un puyazo que ordenó la embestida y permitió la continuidad del trasteo. En la brega, Andrés Herrera cumplió con diligencia, atento a los terrenos y a la colocación del toro, limpiando la escena y dando tranquilidad al matador. El segundo tercio fue de nota alta: Emerson Pineda clavó dos grandes pares, reunidos y en la cara, al igual que Iván Darío Giraldo, quienes por justicia fueron obligados a saludar montera en mano, reconocimiento que no siempre llega, pero que esta vez se impuso por peso propio.
En el segundo de lidia ordinaria, Luis Viloria se enfrentó a un toro que fue al relance, sin terminar de entregarse al caballo. Aun así, logró propinar una buena vara, mostrando oficio y reflejos. La situación obligó a pedir permiso a Usía para salir en sentido contrario de la plaza, gesto reglamentario que habla del respeto por la norma y del entendimiento de los tiempos de la lidia. Alex Benavidez firmó una labor de brega templada, midiendo al toro y llevándolo siempre a favor de la embestida. Héctor Fabio Giraldo dejó dos buenos pares de banderillas, mientras Arley Gutiérrez estuvo bien en la ejecutoria, aunque la fortuna no lo acompañó en la colocación, quedando el intento en la raya del mérito sin el premio pleno.
El tercero de la tarde trajo consigo el primer gran tropiezo para el tercio de varas. Edgar Arandia no tuvo suerte en la colocación del puyazo, que se fue algo caído y obligó a rectificar. El desacierto no pasó desapercibido para el tendido, que manifestó su descontento con protestas sonoras. Sin embargo, la lidia encontró equilibrio en la buena brega de Carlos Rodríguez “Garrido”, quien supo tapar defectos y recomponer la faena desde la inteligencia del subalterno. En banderillas, Antony Dicson dejó dos buenos pares, al igual que José Calvo, cumpliendo con exposición y verdad.
El cuarto, de lidia ordinaria, devolvió cierto sosiego al palco y a la arena. Hildelbrando Nieto dejó una vara buena y medida, administrando el castigo con precisión quirúrgica. Héctor Fabio Giraldo volvió a mostrarse firme en la brega, solvente y seguro. Alex Benavidez y Arley Gutiérrez estuvieron bien en la ejecución de banderillas, aunque encontraron dificultades serias en la colocación debido a la condición del toro, que no permitía reunión ni viaje franco. Ahí se impuso más el oficio que el lucimiento, y eso también cuenta.
El quinto de la tarde volvió a encender la polémica. Efraín Ospina no tuvo suerte en su intervención y debió rectificar la vara, lo que provocó bronca del público, siempre exigente en Manizales cuando percibe desorden o falta de acierto en el castigo. En la brega, Emerson Pineda mostró conocimiento y temple, entendiendo los tiempos y las querencias del toro. Andrés Herrera e Iván Darío Giraldo cumplieron con la suerte sin aspavientos, con esa eficacia silenciosa que rara vez levanta olés, pero que sostiene la estructura de la lidia.
El sexto, que cerró la primera de feria, volvió a poner a prueba la paciencia y la técnica. William Torres también debió rectificar el puyazo al no encontrarse oportunamente con el burel, evidenciando lo complicado que resultó el tercio de varas en varios pasajes de la tarde. Alex Benavidez realizó una brega discreta, sin errores, pero sin alardes. En banderillas, José Calvo dejó un gran par, de los que levantan al tendido por su verdad y exposición, mientras Antony Dicson vivió la cara y la cruz: un par bien colocado y otro en el que solo pasó al cortar el viaje del toro, dejando la sensación de oportunidad a medias.
Así, la primera de Manizales dejó claro que el triunfo, o el naufragio, de una tarde no depende solo de la muleta y el estoque. Las cuadrillas, con sus aciertos y dificultades, fueron protagonistas de una jornada exigente, donde el toro no siempre permitió el lucimiento, pero sí demandó profesionalismo. Entre saludos, broncas y silencios, quedó la certeza de que el toreo también se construye desde el trabajo colectivo, ese que muchas veces no ocupa titulares, pero que en tardes como esta se vuelve imposible de ignorar.








