
08.01.2026 06:40 a.m.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez
En Manizales 2026 quedó demostrado que la suerte de varas, bien entendida y ejecutada, es la piedra angular del equilibrio de la lidia. Lejos de la protesta fácil, la vara correcta dignifica al toro, ordena la faena y realza el trabajo silencioso pero decisivo de la cuadrilla.
Manizales – Colombia. En una época en la que la lidia es observada con lupa y juzgada muchas veces desde la emoción inmediata y no desde el conocimiento, la tercera corrida de feria en Manizales 2026 dejó una enseñanza clara y necesaria: el toreo es una obra colectiva donde cada tercio cumple una función insustituible. Y es precisamente en el trabajo de la cuadrilla, particularmente en la suerte de varas, donde se cimenta el equilibrio del festejo. Allí, lejos del foco principal, se decide la suerte del toro, se regula su acometida y se da sentido a todo lo que vendrá después. Entender ese momento es comprender el toreo en su profundidad.
A VARA QUE ORDENA, MIDE Y CONSTRUYE LA LIDIA
En tiempos en los que la emoción inmediata suele imponerse al conocimiento, conviene volver a la esencia. La suerte de varas no es un trámite ni un castigo innecesario: es un tercio fundamental de la corrida de toros, ejecutado a caballo por el picador, cuyo cometido es medir la bravura del toro, dosificar sus fuerzas y corregir sus defectos, preparando al animal para la posterior faena de muleta sin quebrantarlo. Todo ello mediante un encuentro preciso en el morrillo, la parte alta del lomo, donde el toro acusa sin romperse.
Pedagógicamente hablando, una vara bien puesta y medida permite saber si el toro empuja con fijeza, si mete los riñones, si se emplea de verdad o si rehúye el castigo. La vara no busca hundir, busca ordenar. No pretende mermar, sino regular. Por eso, cuando se ejecuta con conocimiento y justeza, no debe ser protestada, sino entendida y valorada como el primer gran examen del toro bravo y como la base sobre la que se edifica toda la lidia posterior.
LA CUADRILLA: CIENCIA, TEMPLE Y OFICIO
Lo sucedido en la tercera corrida de feria en Manizales 2026 fue una auténtica lección de cómo la cuadrilla, desde el primer tercio, sostiene la arquitectura del festejo. En el toro que abrió plaza, Luís Viloria dejó una vara buena y medida, ejecutada con precisión y conocimiento, que fue justamente aplaudida. En la brega, Carlos Rodríguez “Garrido” estuvo oportuno y templado, colocando al toro donde pedía la lidia. El diestro Antonio Ferrera, consciente de la condición del astado, asumió el tercio de banderillas con pulcritud y espectacularidad, invitando al hombre de plata manizalita Emerson Pineda; ambos fueron fuertemente ovacionados, confirmando que el lucimiento también puede ir de la mano del rigor técnico.
En el segundo toro de lidia ordinaria, Hildebrando Nieto propinó una vara buena y medida, apenas pelín desprendida, sin consecuencias negativas para la condición del burel. En la brega, Jhon Jairo Suaza mostró profesionalismo puro: oportuno, templado y justo, colocando siempre al toro en la suerte. Emerson Pineda dejó un primer buen par de banderillas y un segundo aún mejor, mientras Arley Gutiérrez, pese a una ejecutoria correcta, no tuvo fortuna con los palos.
LA VARA COMO LECTURA DEL TORO
El tercer ejemplar de la tarde encontró a Plásido Sandoval ejecutando una vara medida, que cayó desprendida, pero con buena ejecutoria, sin descomponer al animal. En la brega, Vicente Fernández estuvo aseado y templado, aportando claridad al tercio. Alex Benavidez dejó un buen primer par y repitió nivel en el segundo, mientras Héctor Fabio Giraldo cumplió dejando un buen par, reafirmando la importancia del orden colectivo.
En el cuarto toro de lidia ordinaria, Reinario Bulla, desde un sitio no habitual, debió propinar el puyazo, ajustándolo a lo indicado para la condición del burel, demostrando que la vara también exige lectura inmediata del toro y del terreno. Nuevamente Antonio Ferrera asumió el tercio de banderillas, esta vez invitando a Carlos Rodríguez “Garrido”; ambos ejecutaron un par cada uno con solvencia y torería, tras lo cual el Balear solicitó con acierto el cambio de tercio.
SIN LA VARA, NO HAY FAENA POSIBLE
En el quinto toro, William Torres dejó una buena vara, medida y en su sitio, ejemplo claro de cómo se debe picar cuando se entiende el toro. La brega de Emerson Pineda fue estupenda: lo necesario, sin alardes, llevando al animal con suavidad y colocación. En banderillas, Jhon Jairo Suaza firmó un buen primer par y un segundo de igual mérito, saludando montera en mano. Arley Gutiérrez, pese a su disposición, no encontró premio.
El toro que cerró la tarde tuvo en Efraín Ospina a un picador atento: propinó una vara trasera en el encuentro, rectificó con inteligencia y dejó un castigo muy medido, demostrando que rectificar también es parte del oficio. En la brega, Alex Benavidez estuvo templado, oportuno y eficaz. Vicente Fernández dejó dos buenos pares y fue aplaudido, mientras Héctor Fabio Giraldo, correcto en la ejecución, no tuvo fortuna con los palos.
CONCLUSIÓN: PROTESTAR MENOS, ENTENDER MÁS
La lección de Manizales 2026 es clara y contundente. Cuando la suerte de varas se ejecuta con conocimiento, sitio y medida, engrandece al toro, ordena la lidia y potencia la faena final. Protestar por sistema una vara bien puesta es negar la esencia misma del toreo. La cuadrilla, con su trabajo silencioso y técnico, sostuvo una tarde en la que quedó demostrado que sin vara no hay bravura medida, y sin bravura medida no hay toreo verdadero. La vara, bien dada, no resta: construye.








