
09.09.2026 01:01 p.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
Toros Sureste vuelve a apostar por la cantera taurina con la cuarta edición de su Encierro Infantil en Murcia. Los toros inflables tomarán el Paseo Alfonso X este sábado 12 de septiembre, en una iniciativa que trasciende el juego para convertir la calle en el primer ruedo de una nueva generación de aficionados.
Arbeláez – Colombia. Hay iniciativas que parecen pequeñas hasta que se contempla lo que realmente significan. Unos toros inflables, un pañuelo al cuello, carreras infantiles y una mañana de fiesta podrían parecer apenas un entretenimiento más dentro de la programación de Murcia. Sin embargo, detrás de esa estampa aparentemente sencilla existe una decisión de fondo: acercar la Tauromaquia a quienes todavía no han tenido la oportunidad de descubrirla. Y ahí reside el verdadero valor de la original propuesta que Toros Sureste, empresa dirigida por Ángel Bernal Manzanera, volverá a poner en marcha este sábado, 12 de septiembre, en el Paseo Alfonso X El Sabio.
Será la cuarta edición del Encierro Infantil, una actividad que ha ido ganando presencia y participación desde sus primeras convocatorias. La cita está fijada para las 12 del mediodía y volverá a convertir uno de los espacios más reconocibles del centro murciano en un particular recorrido taurino donde los protagonistas no serán los matadores, ni los ganaderos, ni siquiera el toro bravo, sino los niños que comienzan a descubrir el lenguaje de la Fiesta.
Pero sería quedarse en la superficie definirlo simplemente como un encierro de juguete. La verdadera apuesta está en crear memoria taurina desde la infancia. La Tauromaquia, como cualquier manifestación cultural, necesita transmisión. Antes de que exista un aficionado capaz de distinguir un derechazo de un natural, valorar una faena de muleta o emocionarse ante la bravura de un toro, tiene que existir una primera aproximación. Y esa aproximación no siempre comienza en una plaza. A veces comienza precisamente así: corriendo detrás de un toro hinchable, escuchando hablar de toreros, llevando un pañuelo rojo y sintiendo que aquella fiesta también pertenece a uno.
En ese sentido, la iniciativa de Toros Sureste adquiere una dimensión mucho más profunda de la que podría sugerir su carácter infantil. La empresa no está intentando reproducir una corrida de toros a escala reducida; está creando un espacio emocional previo, una especie de puerta de entrada a la cultura taurina. El niño no necesita conocer todavía los fundamentos de la lidia. Necesita experimentar primero la ilusión, la expectación, el juego compartido y la identidad colectiva que rodea a la Fiesta. Primero llega la emoción; después, si existe inquietud, llegará el conocimiento.
Y hay un elemento especialmente significativo: sacar el toro a la calle. En una época en la que buena parte de las manifestaciones culturales compiten por conquistar la atención de las nuevas generaciones, llevar una actividad taurina al corazón de la ciudad supone invertir el sentido habitual de la relación entre aficionado y espectáculo. No se espera únicamente que el público acuda a la plaza; se sale a buscarlo. El Paseo Alfonso X se transforma así, simbólicamente, en un ruedo abierto donde la Tauromaquia se presenta sin barreras y con un lenguaje comprensible para los más pequeños.
No es una cuestión menor. La empresa que gestiona la Plaza de Toros de Murcia cuenta con una trayectoria empresarial especialmente prolongada al frente del coso de La Condomina, y su propia historia refleja una apuesta continuada por la actividad taurina en la capital murciana. En ese contexto, el Encierro Infantil puede entenderse como una extensión de esa responsabilidad: no limitar la gestión taurina a organizar festejos, sino trabajar también por el público que deberá sostenerlos en el futuro.
La experiencia de las ediciones anteriores aporta, además, un dato que merece atención. En 2024, el encierro infantil experimentó un fuerte crecimiento de participación respecto al año precedente, con el centro de Murcia lleno de niños y familias. Y en 2025 volvió a registrarse un incremento, con cientos de pequeños acompañados por sus familiares y una notable presencia de público en el recorrido. La organización llegó entonces a distribuir miles de elementos de temática taurina entre los participantes.
Ese crecimiento sucesivo permite hacer una lectura interesante: la iniciativa no parece estar agotándose como novedad; está consolidándose como tradición. Y esa diferencia resulta fundamental. Una ocurrencia puede despertar curiosidad durante un año. Una actividad que regresa, aumenta su participación y comienza a formar parte del calendario festivo consigue algo mucho más difícil: crear hábito y pertenencia.
Ahí está probablemente una de las claves del proyecto. La afición no se construye únicamente con grandes carteles, figuras del toreo o tardes memorables en el ruedo. También se construye mediante pequeños rituales. El pañuelo, la carrera, el encuentro familiar, el toro que aparece por la calle, la fotografía que queda en casa y el recuerdo que permanece después de la jornada. La memoria emocional es una de las formas más poderosas de transmisión cultural.
Además, el contexto elegido no es casual. El Encierro Infantil funciona como antesala de la actividad taurina de la Feria de Murcia y se integra en una ciudad que, durante esos días, multiplica su oferta cultural y festiva. La programación oficial de 2026 vuelve a situar el encierro infantil de Toros Sureste a las 12 horas en el Paseo Alfonso X El Sabio, confirmando su integración en el calendario de la Feria.
Y existe aquí otra lectura taurina de especial interés. La cantera no es únicamente la de los toreros; también lo es la de los espectadores. El futuro de la Fiesta no depende exclusivamente de que aparezcan nuevos matadores, novilleros o ganaderos capaces de mantener viva la bravura. Depende igualmente de que exista un público capaz de comprender, valorar y emocionarse con aquello que sucede en el ruedo. Por eso, formar afición es una tarea tan importante como formar toreros.
Desde esa perspectiva, los toros hinchables cumplen una función que va mucho más allá de su apariencia festiva. Son una representación amable del animal que ocupa el centro de la cultura taurina y permiten que el niño se acerque a su simbología desde el juego. El primer encuentro con el toro no necesita producir miedo para generar respeto; puede producir curiosidad, alegría y admiración.
Y quizá ahí se encuentre el mayor acierto de la propuesta. En lugar de presentar la Tauromaquia únicamente desde el espectáculo terminado, Toros Sureste presenta su universo desde el comienzo: desde la ilusión, desde la familia y desde la calle. Es una manera inteligente de comprender que una tradición no sobrevive solamente porque se repita, sino porque consigue ser comprendida y querida por quienes vienen detrás.
El sábado, por tanto, Murcia tendrá dos encierros muy distintos en el imaginario taurino. Uno estará formado por toros de aire y corredores pequeños; el otro, el que importa a largo plazo, será mucho menos visible: el encierro de una nueva generación hacia la afición. Cada niño que participe será, en cierto modo, un posible futuro espectador de La Condomina, un futuro aficionado que algún día podrá ocupar una localidad, seguir una faena, discutir un quite, emocionarse con una verónica o descubrir en la bravura de un toro aquello que ahora apenas empieza a conocer.
Porque el verdadero mérito de una iniciativa como ésta no se mide únicamente por cuántos niños corren detrás de los toros inflables. Se mide por cuántos de ellos guardarán mañana el recuerdo de haber vivido su primera experiencia taurina en las calles de Murcia.
Y esa es, posiblemente, la faena más importante que Toros Sureste está intentando construir: una faena sin capote ni muleta, sin orejas ni vuelta al ruedo, pero con una recompensa que puede ser mucho más trascendente. Que la afición tenga futuro.








