
13.08.2026 06:14 a.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
El maestro Enrique Calvo, “El Cali”, atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida después de que el terremoto ocurrido el pasado lunes destruyera su vivienda y afectara profundamente sus condiciones de vida. Ante esta tragedia, la solidaridad de la afición taurina y de la sociedad se convierte en el mejor quite para acompañarlo y ayudarlo a reconstruir lo perdido.
Arbeláez – Colombia. Hay tardes en las que el ruedo deja de ser una plaza y se convierte en la propia vida. Hay momentos en los que el capote, la muleta y el valor del torero adquieren un significado distinto, porque la verdadera embestida llega sin aviso y obliga a todos a responder con humanidad. Hoy, el llamado es alrededor del maestro Enrique Calvo “El Cali”, quien enfrenta las consecuencias devastadoras del terremoto ocurrido el pasado lunes. Ante la pérdida de su hogar y de buena parte de sus pertenencias, la afición taurina y la sociedad tienen la oportunidad de demostrar que la solidaridad también sabe templar, acompañar y hacer el quite cuando más se necesita.
CUANDO EL RUEDO DE LA VIDA EXIGE UNA NUEVA FAENA
Hay embestidas que ningún torero puede anticipar y que no se resuelven con capote, muleta ni estoque. El pasado lunes, un fuerte terremoto cambió de manera dramática la vida del maestro Enrique Calvo, “El Cali”, al destruir su vivienda y dejarlo frente a una situación de enorme dificultad. La imagen de las ruinas contrasta con la trayectoria de un hombre acostumbrado a enfrentar el toro con valor y dignidad, pero que hoy necesita algo diferente: el respaldo de quienes reconocen su historia y están dispuestos a acompañarlo en esta nueva faena que le impone la vida.
En el lenguaje taurino, hacer el quite significa acudir oportunamente cuando un compañero se encuentra en peligro. Hoy, ese concepto adquiere un profundo sentido humano. La campaña de solidaridad invita a quienes puedan hacerlo a contribuir económicamente mediante Nequi, en el número 312 277 7561, y también a colaborar con ropa, especialmente pantalones y camisas de talla L, artículos de aseo y alimentos no perecederos. Cada aporte, sin importar su dimensión, puede convertirse en un paso hacia la recuperación y en una muestra concreta de que el maestro no está solo frente a la adversidad.
Enrique Calvo “El Cali” conoce el valor, el temple y la perseverancia que exige el mundo del toro. Durante años, el ruedo le enseñó a medir las distancias, esperar el momento preciso y mantenerse firme ante la incertidumbre. Ahora tendrá que aplicar esas mismas virtudes para afrontar una realidad mucho más dolorosa: reconstruir su hogar y recuperar la estabilidad que el desastre le arrebató. La diferencia es que esta vez no tendrá por qué hacerlo en solitario, porque la afición y la sociedad pueden convertirse en una gran cuadrilla dispuesta a acompañarlo en cada paso.
La grandeza de la fiesta también se demuestra fuera de la plaza, cuando el aplauso se transforma en solidaridad y el reconocimiento se convierte en ayuda verdadera. Una donación, una prenda, un alimento o incluso la difusión de este llamado pueden parecer gestos sencillos, pero unidos adquieren la fuerza necesaria para comenzar a levantar aquello que quedó destruido. Más allá de cualquier diferencia, esta circunstancia recuerda que la verdadera humanidad aparece cuando somos capaces de acudir en auxilio de quien atraviesa una situación difícil.
El terremoto pudo derribar las paredes del hogar del maestro Enrique Calvo “El Cali”, pero no tiene por qué derribar su esperanza. Ahora comienza una faena distinta, una faena de reconstrucción en la que el respaldo de muchas personas puede marcar la diferencia. Que la solidaridad sea el capote que lo acompañe, el quite que llegue a tiempo y la fuerza que le permita volver a ponerse de pie. Porque en esta ocasión la puerta grande no está en una plaza: está en lograr que un hombre que tanto ha entregado a la fiesta pueda volver a comenzar con dignidad y esperanza.








