Ferrera Roza el Triunfo en Aguascalientes

Ferrera Roza el Triunfo en Aguascalientes

25.10.2026  07:13 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La Monumental de Aguascalientes abrió su Temporada de Otoño con la corrida conmemorativa del 451.º aniversario de la fundación de la ciudad. Un encierro de procedencia mixta, con ejemplares de San Fernando y Arroyo Zarco, planteó exigencias distintas para el rejoneador Emiliano Gamero y los matadores Antonio Ferrera y Leo Valadez. Ferrera fue el torero más destacado de la jornada y dio una vuelta al ruedo, aunque la falta de contundencia con la espada impidió que las faenas encontraran un premio mayor.

Arbeláez – Colombia. La Monumental de Aguascalientes abrió las puertas de su Temporada de Otoño el sábado 24 de octubre, en una corrida enmarcada en la conmemoración del 451.º aniversario de la fundación de la ciudad. El cartel reunió al rejoneador Emiliano Gamero y a los matadores Antonio Ferrera y Leo Valadez, tres toreros de conceptos diferentes que afrontaron un compromiso marcado por la variedad de comportamientos del ganado, la voluntad de los actuantes y la importancia de resolver con eficacia la suerte suprema.

La jornada dejó momentos de expresión artística, pasajes de entrega y dificultades que pusieron a prueba los recursos técnicos de los espadas. Antonio Ferrera sobresalió por la profundidad de su toreo y su capacidad para sobreponerse a una aparatosa voltereta, mientras Gamero buscó el lucimiento a caballo y Valadez procuró aprovechar las opciones que le ofrecieron sus oponentes. Sin embargo, los aceros condicionaron el balance final de una tarde en la que hubo argumentos para el reconocimiento, aunque no suficientes para traducir las mejores faenas en trofeos de mayor entidad.

EL ENCIERRO: TRES COMPORTAMIENTOS Y UNA TARDE DE EXIGENCIAS

La tarde del sábado 24 de octubre, en la Monumental de Aguascalientes, tuvo como marco la celebración del aniversario de la capital hidrocálida y el comienzo de una nueva edición de su Temporada de Otoño. Con algo más de media entrada, ambiente fresco y presencia de viento, el festejo reunió tres conceptos del toreo en un mismo ruedo: el manejo de las monturas, la capacidad interpretativa ante el toro y la búsqueda de un triunfo que, al final, quedó condicionado por la suerte suprema.

La corrida se compuso de seis toros, tres de San Fernando y tres de Arroyo Zarco, con un ejemplar de cada hierro destinado al rejoneo. La combinación ganadera ofreció un panorama variado: hubo reses con movilidad y temperamento, otras que redujeron sus posibilidades durante la lidia y ejemplares que permitieron mayor expresión artística. No fue, por tanto, una tarde de comportamiento uniforme, sino una de esas corridas en las que cada actuación exige una lectura particular de las condiciones del adversario.

El primero, de San Fernando, correspondió a Emiliano Gamero. Su comportamiento, descrito como distraído, incierto y tendente a arrear, obligó al rejoneador a administrar las distancias y buscar los terrenos adecuados para desarrollar su labor. En el rejoneo, la movilidad del toro no basta por sí sola para construir una faena; resulta decisiva la manera en que el jinete consigue ordenar las embestidas, ajustar las reuniones y mantener la conexión entre caballo y oponente. Las condiciones de este ejemplar supusieron, en consecuencia, una dificultad añadida para la ejecución.

El segundo, de Arroyo Zarco, mostró bravura y temperamento, cualidades que exigen al torero capacidad para acompasar la embestida sin perder el gobierno de la lidia. La bravura cobra verdadero valor cuando el espada sabe aprovecharla, someterla a un planteamiento técnico y construir una faena con continuidad. El tercero, también de Arroyo Zarco, presentó un comportamiento aplomado, con menos recorrido y opciones más limitadas para sostener el lucimiento. Ante un toro que pierde movilidad, el margen de expresión se reduce y la técnica debe prevalecer sobre cualquier intento de forzar una respuesta que el animal no ofrece.

El cuarto, de Arroyo Zarco y destinado igualmente al rejoneo, fue calificado como de buen juego. El quinto, de San Fernando, tuvo un comportamiento enrazado, mientras que el sexto, del mismo hierro, resultó emotivo. Estas diferencias completaron un encierro de matices, en el que no faltaron condiciones aprovechables, aunque tampoco se dieron las circunstancias para que el conjunto desembocara en una tarde de grandes trofeos. La corrida ofreció oportunidades, pero exigió capacidad para interpretarlas y resolverlas, tanto en la lidia como en el momento definitivo de la suerte suprema.

EMILIANO GAMERO: ESPECTÁCULO A CABALLO, SIN RECOMPENSA FINAL

El rejoneador mexicano abrió la tarde con un toro de San Fernando que no facilitó el acoplamiento. Sobre sus caballos, buscó provocar la atención del animal, ajustó las distancias y colocó banderillas con exposición. En su segundo turno, ante el cuarto, de Arroyo Zarco, encontró mejores condiciones para desplegar su concepto del rejoneo, con quiebros, reuniones y banderillas al violín que levantaron los aplausos del tendido.

Sin embargo, la suerte suprema volvió a condicionar el resultado. Los fallos con el rejón de muerte y la necesidad de recurrir al descabello impidieron transformar los pasajes de mayor vistosidad en un premio de mayor entidad. Su balance fue de palmas en ambos toros, con aviso en el segundo, según las crónicas publicadas.

ANTONIO FERRERA: CARÁCTER Y HONDURA EN UNA ACTUACIÓN DE PESO

El diestro español fue el nombre más destacado del festejo. Frente a su primero, de Arroyo Zarco, comenzó con una larga cambiada de rodillas y continuó con verónicas de buen trazo. Con la muleta, aprovechó la bravura y el temperamento del astado para construir una faena de creciente intensidad, en la que los naturales alcanzaron los momentos de mayor calidad.

Ferrera consiguió encontrar el ritmo de la embestida y darle sentido a los muletazos, combinando mando, temple y personalidad. No obstante, sufrió una aparatosa voltereta durante el trasteo. Tras recibir asistencia, regresó al ruedo y continuó toreando, incluso después de desprenderse de la chaquetilla. Su esfuerzo y la calidad de algunos pasajes no tuvieron correspondencia en la suerte suprema: necesitó un segundo intento y dejó una estocada defectuosa, por lo que escuchó palmas.

En el quinto, de San Fernando, volvió a demostrar capacidad para sobreponerse a las dificultades. Aún resentido por el golpe en el costado izquierdo, desarrolló una faena de entrega, con series por ambos pitones y naturales de mayor profundidad. La obra tuvo momentos de buen gobierno y expresión, aunque la estocada, casi entera y caída, dejó nuevamente sin premio mayor su labor. Dio una vuelta al ruedo, reconocimiento a una actuación que sobresalió por su disposición y sus argumentos toreros.

LEO VALADEZ: VOLUNTAD Y RECURSOS ANTE SU AFICIÓN

El torero hidrocálido compareció en una fecha de especial significado personal y profesional: actuar en su tierra durante la celebración de su aniversario fundacional. Con su primero, de Arroyo Zarco, estuvo voluntarioso con el capote y se lució en el segundo tercio, con banderillas al cuarteo y al violín. Con la muleta, el comportamiento aplomado del toro redujo las posibilidades de ligar una faena de mayor continuidad. Valadez insistió por ambos pitones, pero el viento tampoco favoreció el desarrollo de su labor. Tras una estocada al segundo intento, recibió palmas.

En el sexto, de San Fernando, encontró un ejemplar con mayor emotividad. Saludó con lances a pies juntos y chicuelinas, y volvió a tomar las banderillas ante la respuesta favorable del público. Con la franela consiguió pasajes de mayor ligazón, especialmente por el pitón derecho, con muletazos largos y templados. También dejó naturales de buen trazo y adornos que dieron variedad a la faena.

El esfuerzo del torero local permitió cerrar el festejo con momentos de interés, pero la estocada caída y el posterior uso del acero terminaron por limitar el resultado. Su balance fue de palmas en ambos turnos, aunque las crónicas difieren en la descripción del ambiente final: algunas consignan división de opiniones en el conjunto de su actuación.

UNA TARDE QUE DEJÓ MÁS ARGUMENTOS QUE TROFEOS

La primera corrida de la Temporada de Otoño de Aguascalientes no produjo un triunfador rotundo ni una salida a hombros. El balance estuvo marcado por la diferencia entre lo que algunos pasajes de las faenas prometían y lo que finalmente reflejó el marcador de trofeos. Antonio Ferrera destacó por la profundidad de su toreo y por la capacidad de sobreponerse al percance; Gamero ofreció momentos de lucimiento a caballo, mientras que Valadez encontró en el sexto un adversario con el que pudo expresarse con mayor continuidad.

La espada fue el factor determinante. En una corrida con ejemplares de comportamientos diversos, las oportunidades de lucimiento existieron, pero no siempre encontraron el remate necesario. En tauromaquia, la faena y la suerte suprema forman una unidad: el toreo puede alcanzar momentos de calidad, pero su traducción en trofeos depende también de la eficacia final.

La tarde dejó, además, dos apuntes que merecen atención: la capacidad de Ferrera para continuar después de la voltereta y el buen puyazo de Alfredo Ruiz durante la lidia del sexto. También se produjo el debut de Pedro Montes como juez de plaza, circunstancia consignada en las crónicas del festejo.

Aguascalientes comenzó así su ciclo otoñal con una corrida de contrastes, en la que la técnica, la voluntad y algunos pasajes de calidad convivieron con las dificultades propias de cada toro. El resultado no fue el de una tarde de grandes premios, pero sí el de un festejo que permitió valorar la capacidad de los actuantes para responder ante condiciones distintas y recordó una verdad esencial del toreo: no basta con construir una faena; también hay que saber culminarla.

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