Jaén: Apoteosis de Emilio de Justo con "El Parralejo"

Jaén: Apoteosis de Emilio de Justo con "El Parralejo"

19.10.2026  12:29 p.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La plaza de toros de Jaén vivió una tarde de triunfo y emoción con una destacada corrida de El Parralejo, cuyo encierro ofreció un juego notable y tuvo en Marsellés, quinto de la tarde, a su ejemplar más sobresaliente, premiado con la vuelta al ruedo. El Fandi, Emilio de Justo y David de Miranda conquistaron la puerta grande en un festejo marcado por la entrega de los tres espadas, la respuesta de los tendidos y, especialmente, por la rotunda dimensión triunfal de Emilio de Justo, que cortó tres orejas y un rabo.

Arbeláez - Colombia. La calidad del encierro de El Parralejo fue el cimiento de una tarde de toros en la que la bravura, la nobleza y la clase de sus embestidas propiciaron momentos de gran expresión taurina. En el ruedo de La Alameda, la respuesta de los astados encontró eco en la entrega de los tres matadores, pero fue Emilio de Justo quien alcanzó la cota más alta de la jornada, al firmar con Marsellés, quinto de la tarde, una faena de profundidad y sentimiento que culminó con la concesión de los máximos trofeos. Una corrida de triunfos compartidos que dejó en Jaén la huella de una conjunción memorable entre la calidad del toro y la inspiración del torero.

EL PARRALEJO: BRAVURA, CLASE Y EMOCIÓN EN LA ALAMEDA

La ganadería de El Parralejo fue el fundamento de una de las tardes más destacadas de la Feria de San Lucas. Sus seis ejemplares ofrecieron un balance general de nobleza, movilidad, calidad y opciones para el lucimiento, aunque con diferencias de comportamiento que exigieron a los matadores capacidad para interpretar las condiciones de cada oponente. La corrida, celebrada bajo una lluvia intermitente y ante más de tres cuartos de entrada, confirmó la importancia de una materia prima que, cuando reúne recorrido, transmisión y entrega, permite que el toreo encuentre cauces para la expresión artística. El punto culminante llegó con Marsellés, quinto de la tarde, un toro de excelentes condiciones al que se concedió la vuelta al ruedo por la calidad de sus embestidas y su contribución al triunfo de Emilio de Justo.

EL FANDI: ESPECTÁCULO, ENTREGA Y UNA SALIDA TRIUNFAL

David Fandila, El Fandi, volvió a demostrar su capacidad para conectar con los tendidos mediante una tauromaquia de marcado carácter espectacular, asentada en la variedad de su repertorio y en una entrega permanente durante los tres tercios. En su primero, el torero granadino combinó las largas cambiadas de rodillas, los quites y un tercio de banderillas vibrante con una faena de muleta de disposición y recursos, rubricada con una oreja. Sin embargo, fue ante su segundo cuando alcanzó el punto álgido de su actuación: después de sufrir una aparatosa voltereta durante las banderillas, se repuso con determinación y continuó la lidia sin renunciar a su planteamiento. Su perseverancia, el comienzo de rodillas y la conexión emocional con el público desembocaron en la concesión de dos orejas y rabo, completando un balance de tres orejas y un rabo. Tras dar la vuelta al ruedo, abandonó la plaza con autorización para emprender viaje a Lima, donde tenía otro compromiso profesional.

EMILIO DE JUSTO: LA PROFUNDIDAD DEL TOREO Y UNA OBRA DE MÁXIMA DIMENSIÓN

El gran argumento artístico de la tarde estuvo en Emilio de Justo, que convirtió su comparecencia en Jaén en una demostración de capacidad, sensibilidad y ambición. El torero extremeño encontró en su primer adversario un oponente al que fue necesario administrar con inteligencia, midiendo los tiempos y las distancias para extraer sus mejores embestidas. La faena creció especialmente al natural, con pasajes de temple, firmeza y profundidad que evidenciaron su concepto del toreo. La estocada condicionó el premio, aunque paseó una oreja y hubo una petición importante de la segunda. Su actuación dejó, no obstante, la sensación de que el extremeño estaba dispuesto a dar un paso más en una tarde que comenzaba a elevar su exigencia.

Y ese paso llegó con el quinto, Marsellés, número 88, un ejemplar que ofreció las condiciones idóneas para que Emilio de Justo desplegara su tauromaquia con mayor amplitud. El matador se fue a portagayola, asumiendo desde el primer instante el compromiso de una faena que terminaría convirtiéndose en el acontecimiento central de la corrida. Después de un recibo capotero de buen gusto, inició la labor de muleta de rodillas y fue construyendo un trasteo de creciente intensidad, aprovechando la nobleza, el recorrido y la clase del animal por ambos pitones. La expresión más rotunda llegó en las series de naturales, donde el temple y la profundidad encontraron su mejor medida, con muletazos ligados y de notable ajuste que dieron sentido a la colaboración entre toro y torero. No fue únicamente una faena de impacto: fue la conjunción de un ejemplar de extraordinarias condiciones con un matador capaz de interpretar y desarrollar sus virtudes. La estocada puso el broche a la obra y llegaron los máximos trofeos: dos orejas y rabo para Emilio de Justo y vuelta al ruedo para Marsellés. Con tres orejas y un rabo en su esportón, el extremeño rubricó una tarde de enorme resonancia, en la que volvió a poner de manifiesto la dimensión de su toreo cuando encuentra un toro que le permite expresarse en plenitud.

DAVID DE MIRANDA: VALOR, QUIETUD Y AUTORIDAD

David de Miranda, que debutaba en el coso de La Alameda, completó el cartel con una actuación marcada por el valor sereno, la firmeza de plantas y la capacidad para resolver las dificultades de sus oponentes. En el tercero inició la faena de rodillas, con ayudados por alto que elevaron la temperatura de los tendidos, y fue afianzando su labor mediante muletazos de exposición y determinación. Su disposición ante las embestidas, que exigían colocación y capacidad de mando, le permitió construir una faena de mérito, recompensada con una oreja tras una fuerte petición de la segunda. En el sexto, el torero onubense volvió a mostrar sus recursos y su habilidad para ajustar las distancias, especialmente por el pitón izquierdo, donde consiguió los pasajes más logrados de una labor que concluyó con una estocada efectiva y dos orejas. Su balance de tres trofeos y su salida a hombros confirmaron el alcance de una tarde en la que supo transformar la exigencia del encierro en argumentos para el triunfo.

UNA TARDE PARA RECORDAR EN LA FERIA DE SAN LUCAS

La corrida del sábado 17 de octubre dejó en Jaén una fotografía de triunfo colectivo, pero también una lectura taurina que merece permanecer más allá del balance de trofeos. El Parralejo aportó la calidad de sus embestidas; El Fandi, su arrolladora capacidad para movilizar los tendidos; David de Miranda, su valor y determinación; y Emilio de Justo, la profundidad artística de una faena que encontró en Marsellés el aliado ideal para alcanzar su máxima expresión. Los tres matadores abandonaron el coso por la puerta grande, en una jornada de gran respuesta del público y emoción compartida. La tarde de Emilio de Justo, en particular, quedó asociada a esa conjunción excepcional de bravura, temple y hondura que distingue las obras llamadas a perdurar en la memoria de los aficionados. 

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