Juan de Castilla: Del Toro Exigente al Triunfo

Juan de Castilla: Del Toro Exigente al Triunfo

21.09.2026  05:34 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Juan de Castilla vivió un intenso fin de semana de toros en España. El sábado 19, en Riaza (Segovia), afrontó una corrida de máxima exigencia ante ejemplares de José Escolar y Prieto de la Cal, dejando disposición y oficio en una tarde de marcada dureza. Apenas 24 horas después, en Alcalá la Real (Jaén), el torero colombiano transformó esa exigencia en triunfo rotundo al cortar dos orejas y rabo en el festival de la Real Feria de San Mateo.

Arbeláez - Colombia. El fin de semana dejó para Juan de Castilla una de esas secuencias que explican la dimensión de una temporada: primero, la prueba de fuego ante el toro serio, encastado y exigente; después, la recompensa del triunfo grande. Entre Riaza (Segovia), el sábado 19 de septiembre, y Alcalá la Real (Jaén), el domingo 20, el diestro colombiano recorrió en apenas veinticuatro horas dos escenarios de muy distinta condición, pero unidos por una misma constante: la capacidad de afrontar cada compromiso con entrega y responsabilidad profesional.

RIAZA: UNA TARDE PARA MEDIR EL OFICIO

La plaza de Riaza acogió el sábado una corrida planteada como desafío ganadero entre José Escolar y Prieto de la Cal, dos hierros de reconocido carácter dentro de la tauromaquia de corte torista. El festejo, celebrado con lleno en los tendidos, estuvo marcado por la seriedad de las reses y por un comportamiento que exigió a los toreros una tauromaquia de conocimiento, firmeza y capacidad de resolución.

Juan de Castilla, incorporado al cartel en sustitución de Cristian Pérez, abrió su tarde ante un ejemplar de José Escolar que mostró inicialmente posibilidades en el capote, pero fue perdiendo recorrido y entrega durante la lidia. El colombiano planteó la faena desde la disposición y el compromiso, tratando de alargar las embestidas de un animal que no terminó de ofrecer la continuidad necesaria para construir una obra de mayor vuelo. La ovación recogida al finalizar su actuación reconoció el esfuerzo ante un toro de escasas facilidades.

El quinto, perteneciente a Prieto de la Cal, elevó todavía más el grado de dificultad. Se trató de un ejemplar fuerte y exigente, de rápida reposición y con complicaciones para el torero. Castilla intentó plantearle batalla, pero las características del animal aconsejaron abreviar. El balance oficial de la tarde recoge ovación en su primero y silencio en el segundo, mientras que otras crónicas destacan la disposición mostrada por el diestro ante un lote especialmente comprometido.

Fue, por tanto, una tarde en la que no aparecieron los trofeos, pero sí la dimensión del torero frente a la adversidad. Riaza no regaló caminos fáciles: el toro de Escolar pidió capacidad de lectura y el de Prieto de la Cal reclamó máxima firmeza. En ese contexto, la actuación de Castilla debe entenderse desde la lógica propia de una corrida de máxima exigencia, donde resolver con oficio también forma parte del triunfo profesional.

La tarde tuvo además un marcado componente emotivo. Antes del paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Víctor Barrio, torero segoviano fallecido diez años atrás. En el ruedo, el gran protagonista ganadero fue el sexto, ‘Caprichoso’, de José Escolar, premiado con la vuelta al ruedo por su destacada bravura.

ALCALÁ LA REAL: LA RESPUESTA LLEGÓ AL DÍA SIGUIENTE

Sin tiempo prácticamente para asimilar la dureza de Riaza, Juan de Castilla volvió a vestirse de luces el domingo 20 de septiembre para participar en el festival taurino mixto de la Real Feria de San Mateo de Alcalá la Real. El cartel reunió al rejoneador José Rocamora, a Víctor Puerto, Canales Rivera, Javier González, Juan de Castilla y Álvaro Moyano ‘El Rubio’, con un encierro compuesto por un ejemplar de Soto de la Fuente para rejones y cinco novillos de Roque Jiménez.

Y allí cambió por completo el signo del fin de semana.

Juan de Castilla protagonizó una actuación de máximos trofeos y cortó dos orejas y rabo, resultado que lo convirtió en uno de los grandes protagonistas del festival. Los novillos de Roque Jiménez, según la reseña del festejo, estuvieron bien presentados y ofrecieron buen juego en líneas generales, condición que permitió a los actuantes desarrollar sus respectivas propuestas artísticas.

El triunfo tuvo además un significado especial porque llegó inmediatamente después de una tarde de enorme exigencia en Riaza. En menos de veinticuatro horas, Castilla pasó de enfrentarse a la dureza de un desafío ganadero de corte torista a reencontrarse con el triunfo de la muleta y los máximos trofeos en tierras jiennenses. Esa capacidad para cambiar el registro sin perder intensidad constituye uno de los elementos más significativos de su actuación durante el fin de semana.

El resultado de Alcalá la Real adquiere mayor relieve dentro de la trayectoria que el colombiano viene construyendo durante la temporada. El registro de festejos de 2026 recoge, antes de estos dos compromisos, actuaciones destacadas en plazas como Cebreros y Cuéllar, además de su presencia en escenarios de marcada exigencia como Madrid, Pamplona, Vic-Fezensac, Dax y Mont de Marsan.

DOS TARDES, DOS TAUROMAQUIAS

Lo sucedido en Riaza y Alcalá la Real permite leer el fin de semana de Juan de Castilla desde dos vertientes complementarias. En Segovia apareció el torero de recursos, firmeza y capacidad de resistencia frente a la dificultad; en Jaén emergió el torero capaz de aprovechar las posibilidades de un animal con opciones para el lucimiento y convertirlas en una faena de premio mayor.

La diferencia de resultados no resta valor a la primera actuación. Por el contrario, pone en perspectiva la complejidad de la profesión: hay tardes en las que el triunfo consiste en imponerse a las circunstancias y otras en las que el toro permite expresar todo aquello que el torero lleva dentro. Castilla tuvo que asumir ambas realidades consecutivamente.

Y esa es, quizá, la imagen más poderosa que deja este doble compromiso: un torero que no se descompone ante la dificultad y que, cuando encuentra el resquicio para desplegar su tauromaquia, sabe convertirlo en una tarde de máximos trofeos.

Riaza puso a prueba su capacidad de lidiador. Alcalá la Real premió su capacidad de triunfo. Entre ambas tardes quedó dibujado un fin de semana de contrastes, exigencia y recompensa para Juan de Castilla, quien cerró el domingo con dos orejas y rabo y con el reconocimiento de una plaza que celebró su actuación en el marco de la Real Feria de San Mateo.

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