
07.01.2026 06:03 a.m.
Redacción: Jerónimo baquero y Gerardo Márquez
Un testimonio visual potente que narra, con rigor taurino, el equilibrio extremo entre arte y peligro en la segunda corrida de la Feria de Manizales, a través de las miradas de Jerónimo Baquero y Gerardo Márquez.
Manizales – Colombia. La segunda corrida de la Feria de Manizales quedó fijada en la retina como un parte médico del alma taurina: luz y sangre, temple y fatalidad. Las fotografías de Jerónimo Baquero y Gerardo Márquez capturan ese segundo exacto en que el cite prende, el embroque se ajusta y la embestida decide el destino. En sus encuadres hay muletazos hondos de trazo largo, tandas ligadas con mando y colocación, y también el filo súbito de la tragedia: el derrote seco que sorprende al torero en el remate, la arena abierta por el peso del cuerpo, la cuadrilla acudiendo al quite de auxilio. Es la gloria del toreo cuando la faena rompe en redondo y la plaza ruge; y es, a la vez, el recordatorio implacable de que el toro manda cuando la distancia se quiebra.
El relato visual no concede tregua: picadores midiendo el castigo, banderilleros clavando al quiebro con exposición, y un público que pasa del ole al silencio en un latido. Baquero y Márquez leen la lidia con oficio de fotógrafos y conocimiento de ruedo; saben cuándo apretar el disparo para atrapar el volapié decisivo y cuándo esperar el gesto mínimo, la mirada tras la cornada, el pañuelo que no llega. Así, la crónica gráfica trasciende la estampa y se vuelve argumento: la fiesta como rito de riesgo, donde el arte se conquista con verdad y la tragedia no es accidente, sino posibilidad siempre presente.





































