La Última Lidia de Carlos Martínez

La Última Lidia de Carlos Martínez

29.08.2025  05:25 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

El mundo taurino colombiano despide hoy a Carlos Martínez, subalterno de Popayán, hombre de plata ejemplar, vinculado a la Escuela Taurina de Cali y a cuadrillas de renombre nacional e internacional. Se conoció de su fallecimiento hoy viernes 29 de agosto de 2025 tras una dura enfermedad, dejando un legado de profesionalismo, pasión y defensa de la tauromaquia en Colombia.

Arbeláez - Colombia. El ruedo colombiano viste de luto. Hoy viernes 29 de agosto de 2025, se conoció que el subalterno Carlos Martínez, nacido en Popayán y forjado en la grandeza silenciosa de los hombres de plata, emprendió su última marcha, tras un largo y doloroso peregrinar con una enfermedad que le obligó a pelear en la arena de la vida con la misma entereza con que lo hizo siempre frente al toro.

Martínez fue un torero de entrega y temple, de esos que, sin buscar la gloria del oro, construyen desde la humildad del segundo escalafón una carrera de respeto y grandeza. Su nombre quedó grabado en la memoria de la Escuela Taurina de Cali, institución con la que estuvo vinculado por varias décadas y donde compartió no solo su técnica y oficio, sino también esa pedagogía invisible que se transmite en cada quite, en cada colocación de banderilla, en cada lidia bien hecha.

Durante años integró cuadrillas de matadores nacionales y extranjeros, compartiendo cartel en distintas plazas de toros del país. Su paso fue constante, temporada tras temporada, en cosos grandes y pequeños, siempre con la misma seriedad profesional, esa que distingue a los verdaderos hombres de plata que saben que su misión es proteger la lidia, dar aire al matador y honrar al toro con la verdad del toreo.

Pero la vida de Carlos Martínez no se quedó solo en el ruedo. Desde el 28 de enero de 2021 se convirtió en un colaborador activo de “La ruta del toro Colombia”, iniciativa dedicada a la promoción, defensa y pedagogía de la tauromaquia en nuestro país. Allí encontró otro espacio para su pasión: la transmisión del conocimiento, el rescate de la tradición y la convicción de que la fiesta brava, más que un espectáculo, es cultura y patrimonio. Su voz y experiencia se sumaron a ese empeño colectivo por dignificar al toro y a los profesionales que dedican su vida a él.

Su partida deja un vacío profundo, no solo en los ruedos, sino en el corazón de su familia, que fue siempre su razón de vivir: su esposa y sus hijos, quienes lo acompañaron en las noches de incertidumbre, en los viajes interminables de temporada y en los duros pasajes de angustia que trajo consigo su enfermedad.

Hoy, quienes lo conocieron lo describen como un subalterno de gran valor, un compañero de cuadrilla leal, un profesional incansable y, sobre todo, un hombre íntegro que nunca dejó de lado la humanidad en medio del rito del toreo. Su vida es ejemplo de que la tauromaquia se sostiene no solo con los nombres que figuran en los carteles en letras grandes, sino también con aquellos que, como él, sostienen la lidia con manos firmes y corazón entero.

El paseíllo de Carlos Martínez ha concluido, pero su recuerdo seguirá vivo en cada tarde de toros, en cada quite bien ejecutado y en cada lección de humildad y oficio que dejó a quienes compartieron ruedo, aula y vida con él. El mundo taurino se despide de un subalterno ejemplar, de un hombre de plata que, aun en la sombra, brilló con luz propia.

  

 

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