
29.09.2026 02:21 p.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
La Plaza de Toros de Las Ventas despide la temporada 2026 con una Feria de Otoño de ocho festejos, repartidos entre el 1 y el 12 de octubre en días alternos. El ciclo reúne cinco corridas de toros, dos novilladas con picadores y la final del certamen «Camino hacia Las Ventas», con tres confirmaciones de alternativa y el broche del Día de la Hispanidad, tarde en la que reaparece Morante de la Puebla. Un serial breve, pero de máxima exigencia, concebido como examen ante la afición más severa del planeta de los toros.
Arbeláez - Colombia. Cuando el calendario ya declina y la luz de las tardes se vuelve más corta y dorada, Las Ventas vuelve a levantar el telón para su cita otoñal, un ciclo que la afición madrileña ha terminado por convertir en parada obligatoria. Lejos de la abrumadora extensión de San Isidro, la Feria de Otoño juega otra baza: la de la concentración y la exigencia. Aquí no hay margen para el relleno, y cada cartel se lee como una prueba de fuego en el ruedo que marca los escalafones. El coso de la calle de Alcalá se prepara así para ofrecer ocho tardes de sabor añejo, en las que conviven la veteranía consagrada, las figuras del momento y la savia joven que aspira a hacerse un nombre en la plaza de referencia del toreo mundial.
El planteamiento de la empresa combina casta, torería y renovación generacional. El abono lo sostienen cinco corridas de toros de hierros que despiertan por sí solos el interés del aficionado exigente, dos novilladas con picadores donde se calibra el porvenir del escalafón menor y la final de un certamen que abre las puertas del gran coso a las escuelas taurinas. Es, en definitiva, una feria pensada para el aficionado de paladar hecho, ese que valora tanto la embestida del animal como la capacidad del diestro para someterla con temple y oficio.
EL APARTADO GANADERO: DONDE SE MIDE LA VERDAD DEL TOREO
Si algo distingue a este otoño venteño es el peso específico de las divisas anunciadas. La entidad de una feria en Madrid se mide, antes que nada, por la nómina de sus ganaderías, y en este apartado el ciclo no defrauda. La corrida de Victorino Martín se erige como el envite de mayor exigencia ganadera del abono, un compromiso reservado para toreros de raza que saben lo que significa cuajar a un animal encastado ante los tendidos. En idéntica línea de emoción se sitúa el encierro de Adolfo Martín, sin duda el cartel más torista del serial, esa cita en la que el toro-toro reclama su protagonismo y en la que el triunfo, si llega, sabe a gloria antigua.
El resto de la nómina refuerza el prestigio del conjunto con hierros de contrastada solvencia: Alcurrucén, Victoriano del Río, Garcigrande y la aportación de la casa de Cortés, además de la divisa de El Retamar para la novillada de apertura. Es un abanico ganadero que permite recorrer todos los registros del toro de lidia, desde la nobleza encelada de las ganaderías comerciales hasta la brava severidad de los encastes duros, lo que garantiza a la afición un mosaico completo de emociones a lo largo de las ocho tardes.
LOS HOMBRES: VETERANÍA CONTRASTADA Y JUVENTUD CON HAMBRE
En el capítulo de espadas, la feria despliega una nómina que equilibra con inteligencia los nombres consagrados y las promesas llamadas a mandar. La solidez la aportan diestros de sobra probados ante el respetable venteño como Diego Urdiales, que llega avalado por una Puerta Grande de San Isidro, junto a Emilio de Justo, Paco Ureña, Uceda Leal, Borja Jiménez, Antonio Ferrera y Román, este último forjado en las tardes de mayor compromiso. Son toreros que conocen la plaza, que saben leer sus silencios y sus exigencias, y que acuden con la responsabilidad de sostener el peso de los carteles de mayor fuste.
Pero el verdadero pulso emocional del ciclo lo marcan las tres confirmaciones de alternativa, ese rito iniciático por el que un matador se presenta como tal en la plaza que ordena el escalafón. Mario Navas, Marco Pérez y Aarón Palacio tomarán en Madrid los trastos de manos de sus padrinos, en lo que constituye el examen más severo de sus jóvenes carreras. La confirmación del salmantino Marco Pérez figura entre los grandes reclamos del abono, pues cierra en el gran coso el recorrido de una de las revelaciones más comentadas de las últimas temporadas. El toreo se renueva así ante los ojos de la afición más difícil, consciente de que un triunfo en estas tardes vale por una carrera entera.
EL DÍA DE LA HISPANIDAD: EL ARTE DE MORANTE COMO BROCHE
Toda gran feria necesita una tarde que la corone, y el 12 de octubre, festividad de la Hispanidad, Las Ventas guarda su carta más esperada. Será la única comparecencia del ciclo de Morante de la Puebla, el diestro de La Puebla del Río cuyo toreo de esencia y hondura ha marcado una época. Su presencia mantuvo en vilo la confección del cartel hasta el último momento, y su anuncio ha bastado para convertir esa jornada en el acontecimiento cumbre del otoño taurino madrileño. Lo acompañarán Héctor Gutiérrez, que se presenta como ganador de la Copa Chenel 2026, y Aarón Palacio en su confirmación, ante toros de Garcigrande, en una tarde llamada a echar el cerrojo a la temporada por todo lo alto.
Más allá del ruedo, el ciclo se envuelve de un intenso programa cultural que refuerza su dimensión de patrimonio vivo. Destaca el monográfico dedicado a Morante de la Puebla en la Sala Antonio Bienvenida, con un busto de gran formato del maestro como pieza central, junto al homenaje por el medio siglo de la Escuela de Tauromaquia de Madrid. A ello se suman dos evocaciones con fecha propia: el azulejo conmemorativo del 40 aniversario de la alternativa de «Joselito» y la cerámica que honra la figura del doctor Máximo García Padrós, referente indiscutible de la cirugía taurina.
UNA CITA QUE TRASCIENDE EL RUEDO
La Feria de Otoño 2026 se perfila, en suma, como un serial de los que dejan poso: breve en el número de tardes, pero denso en contenido y hondo en significado. Reúne cuanto la afición reclama de una plaza como Madrid, la casta del toro bravo, la responsabilidad de las figuras, la ilusión de los que empiezan y el arte irrepetible del maestro que cierra la temporada. Cuando el 12 de octubre se apague la última tarde y el coso quede en silencio, la afición habrá vivido un otoño que confirma, una vez más, que Las Ventas sigue siendo el termómetro y el juez supremo del toreo. La cita está fijada; solo queda que suene el clarín y que el ruedo hable.








