
25.10.2026 07:15 a.m.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez
El encierro de Huagrahuasi y Triana ofreció un juego variado, con dos toros que sobresalieron hasta alcanzar el indulto: Solapado y Pigmaleón. Después de examinar el comportamiento del ganado, la tarde tuvo como grandes triunfadores a David Fandila «El Fandi» y Julio Norte, que salieron a hombros tras cortar simbólicamente las dos orejas y el rabo de sus respectivos oponentes. Arturo de la Fuente abrió el festejo a caballo y Olga Casado completó el cartel con dos actuaciones ovacionadas.
Arbeláez – Colombia. La plaza San Isidro Labrador de Latacunga vivió el sábado una corrida mixta en la que el protagonismo se repartió entre la respuesta del ganado, la capacidad de los toreros para aprovecharla y la emoción que fue creciendo a lo largo de la tarde. La lluvia apareció en el tramo final, pero no impidió que el festejo terminara con dos indultos y una salida a hombros compartida por los matadores españoles. La crónica de Aplausos cifró la entrada en tres cuartos de plaza, mientras que otras informaciones hablaron de una asistencia superior.
EL ENCIERRO: VARIEDAD DE COMPORTAMIENTOS Y DOS TOROS EXCEPCIONALES
La lectura de la corrida debe comenzar por el ganado. Se lidiaron un novillo de San Agustín para rejones y seis toros de Huagrahuasi y Triana. Las reseñas coinciden en señalar una presentación correcta en términos generales y un juego desigual, con diferencias apreciables de fuerza, raza, humillación y continuidad. En ese conjunto destacaron dos ejemplares que encontraron condiciones propicias para desarrollar sus virtudes durante la faena de muleta y terminaron indultados.
El tercer toro, Solapado, número 5 y de 470 kilos, y el quinto, Pigmaleón, número 7 y de 475 kilos, fueron los dos grandes protagonistas ganaderos de la jornada. Ambos regresaron vivos a los corrales después de que la presidencia concediera el indulto, decisión que constituyó el acontecimiento central de la corrida.
El juego de Solapado permitió a Julio Norte desarrollar una faena de progresión, con especial aprovechamiento del pitón derecho. Pigmaleón, por su parte, ofreció a El Fandi nobleza y repetición, aunque con una tendencia a mantener la cara a media altura que exigió al torero adaptar la colocación de la muleta. Las dos faenas respondieron a planteamientos diferentes, pero coincidieron en la capacidad de mantener el interés de los tendidos hasta que la petición de indulto se hizo mayoritaria.
Las fuentes consultadas discrepan sobre la procedencia de Solapado: algunas lo atribuyen a Triana y otras a Huagrahuasi. Pigmaleón aparece identificado de manera coincidente como ejemplar de Huagrahuasi. Por ello, lo prudente es no atribuir ambos indultos a un mismo hierro sin una ficha oficial que resuelva esa diferencia.
El resto del encierro mostró condiciones menos uniformes. El primer toro de El Fandi, pese a su volumen y presencia, tuvo una embestida corta, salió con la cara alta y no terminó de entregarse. El segundo ejemplar de Julio Norte se vino abajo y buscó las tablas, lo que redujo las posibilidades de lucimiento. El novillo de San Agustín, destinado al rejoneo, también presentó dificultades y tardó en acudir con continuidad. El balance ganadero, por tanto, combina dos toros de gran repercusión con otros ejemplares que no permitieron sostener el mismo nivel de la corrida.
El indulto de dos toros no convierte automáticamente en extraordinario el comportamiento de todo el encierro. Su valor reside en reconocer las cualidades excepcionales de esos ejemplares durante la lidia, sin perder de vista las diferencias que ofrecieron los demás. Esa distinción es necesaria para evaluar la corrida con rigor taurino y separar el resultado artístico de la valoración global de la ganadería.
EL FANDI: EXPERIENCIA, FACULTADES Y UN INDULTO DE GRAN TRANSMISIÓN
David Fandila «El Fandi» afrontó su primer compromiso de la tarde con un toro de notable volumen que, pese a su presencia, no terminó de ofrecer una embestida franca. El granadino tuvo que construir la faena a partir de la insistencia, la colocación y la capacidad para aprovechar los viajes del animal sin exigirle más de lo que podía dar. Con el capote dejó variedad, y en banderillas volvió a exhibir facultades, aunque el momento más importante de su actuación llegó con la muleta.
El toro salía con la cara alta, acortaba el recorrido y planteaba dificultades para ligar series de profundidad. El Fandi encontró algunos pasajes meritorios por ambos pitones, especialmente cuando ajustó las alturas y administró los tiempos entre tandas. Sin embargo, el desacierto con la espada le cerró el camino a los trofeos. La ovación final reconoció una labor de esfuerzo y oficio, condicionada por un oponente que nunca terminó de entregarse.
La historia cambió radicalmente con el segundo toro de su lote. Pigmaleón, número 7 y de 475 kilos, respondió con nobleza y repetición, cualidades que el torero supo aprovechar desde el inicio de la faena. Después de un comienzo de rodillas, El Fandi fue ligando derechazos con continuidad y mantuvo al ejemplar en una dinámica favorable, sin romper el ritmo de las embestidas. La respuesta del público creció conforme avanzaba la labor y la petición de indulto terminó imponiéndose.
El pañuelo naranja confirmó el perdón de Pigmaleón y El Fandi paseó las dos orejas y el rabo simbólicos. El resultado fue el reconocimiento a una faena que conectó con los tendidos y encontró en el comportamiento del toro su principal argumento. La experiencia del granadino se manifestó en la lectura de las condiciones del animal, en la administración de los tiempos y en su capacidad para sostener el interés hasta el desenlace.
JULIO NORTE: UN DEBUT AMERICANO MARCADO POR SOLAPADO
Julio Norte llegó a Latacunga como sustituto de Alejandro Talavante, que no pudo actuar al continuar recuperándose de la grave cornada sufrida en Sevilla. El salmantino, que debutaba en América, asumió así un compromiso de especial responsabilidad en una plaza nueva para él y ante una afición que esperaba comprobar sus condiciones como matador de toros.
Su primer ejemplar, Solapado, de 470 kilos, ofreció una embestida que permitió al diestro desarrollar una faena de creciente intensidad. Norte abrió con una larga cambiada de rodillas y varias verónicas que dieron paso a un quite variado. Con la muleta volvió a apostar por la cercanía, iniciando de rodillas una labor que encontró en el pitón derecho su principal vía de expresión.
Las primeras series tuvieron ligazón y buen ritmo. Norte bajó la mano, acompañó las embestidas y consiguió que los muletazos se sucedieran con continuidad, aunque por el pitón izquierdo la conjunción fue más irregular. La faena ganó fuerza gracias a la variedad de los recursos, los cambios de mano y los momentos de cercanía, sin perder de vista la condición del toro. El público respondió con entusiasmo y la petición de indulto fue creciendo hasta que la presidencia concedió el perdón.
Dos orejas y rabo simbólicos premiaron a Julio Norte, que dio la vuelta al ruedo acompañado por Canela Cobo, representante de la ganadería. El resultado convirtió su debut americano en uno de los acontecimientos de la apertura ferial y confirmó la importancia de haber sabido aprovechar un toro con condiciones para el lucimiento.
El segundo turno fue menos favorable. Norte recibió a su oponente con variedad de capote e intentó iniciar la faena con el mismo planteamiento de cercanía, pero el animal perdió pronto la continuidad y terminó buscando las tablas. Ante la falta de opciones para construir una labor de mayor entidad, el salmantino optó por abreviar y resolvió con la espada. La ovación reconoció su disposición, aunque el resultado quedó muy lejos del obtenido con Solapado.
La diferencia entre ambos turnos constituye una de las claves de su actuación: el triunfo llegó cuando encontró un ejemplar que permitió desplegar su concepto del toreo; en el segundo, tuvo que asumir las limitaciones del oponente. La tarde dejó a Norte una presentación de gran repercusión, pero también la evidencia de que el oficio se demuestra tanto aprovechando las buenas embestidas como resolviendo con criterio las dificultades.
OLGA CASADO: TEMPLE Y DISPOSICIÓN BAJO LA LLUVIA
La novillera Olga Casado completó el cartel con dos actuaciones que, de acuerdo con las crónicas de Aplausos y Tendido Digital, terminaron en ovación. Frente a su primer ejemplar mostró limpieza con el capote y encontró momentos de buen trazo con la muleta, especialmente en las series de derechazos y naturales en las que procuró mantener la mano baja y dar continuidad a los muletazos.
Su labor tuvo pasajes de temple y conexión con los tendidos, pero el fallo con la espada le impidió traducir ese trabajo en trofeos. En el segundo turno volvió a mostrar variedad con el capote y buscó sostener una faena ordenada, aunque la lluvia se intensificó durante su intervención y añadió dificultad al desarrollo del festejo.
Casado se marchó sin trofeos, pero con el reconocimiento de los tendidos. Su actuación dejó detalles de interés y una lectura clara: el buen trazo de algunos muletazos no basta para redondear una faena si la suerte suprema no acompaña. En una tarde dominada por dos indultos, su balance fue más discreto, aunque mantuvo la disposición durante sus dos turnos.
ARTURO DE LA FUENTE: UNA APERTURA EXIGENTE A CABALLO
El rejoneador ecuatoriano Arturo de la Fuente abrió el festejo con un novillo de San Agustín que tardó en acudir y presentó dificultades para dar continuidad a la lidia. De la Fuente insistió con los rejones de castigo y buscó encontrar el terreno adecuado para las banderillas, en una actuación en la que alternó momentos de interés con dificultades para clavar con precisión.
El novillo terminó refugiándose en las tablas, lo que complicó el tramo final. Los fallos con el rejón de muerte y el descabello impidieron que el rejoneador obtuviera trofeos. La crónica de Aplausos registró palmas, mientras otras informaciones consignaron una ovación. En cualquier caso, el resultado no alcanzó la dimensión de los triunfos que llegaron después en la lidia a pie.
La intervención de Arturo de la Fuente abrió una tarde de contrastes. Su actuación estuvo condicionada por las dificultades del novillo y por la falta de eficacia con los aceros, mientras que los dos indultos posteriores elevaron el tono del festejo. La corrida dejó así resultados diferentes para cada actuante, una circunstancia habitual en un espectáculo en el que el comportamiento del ganado condiciona las posibilidades de lucimiento.
UNA TARDE QUE DEJA HUELLA EN LA FERIA
La corrida del sábado 24 de octubre terminó con dos indultos, dos salidas a hombros y una lectura ganadera que exige distinguir entre los ejemplares destacados y aquellos que no ofrecieron las mismas condiciones. Solapado y Pigmaleón concentraron el protagonismo, mientras El Fandi y Julio Norte aprovecharon sus respectivas embestidas para construir las faenas que definieron la jornada.
Latacunga abrió su feria con un resultado de gran repercusión taurina, pero también con una lección sobre la importancia del conjunto: la presentación del ganado, su comportamiento durante la lidia, la capacidad de los toreros para interpretarlo y la eficacia con la espada. El triunfo no fue uniforme para todos los actuantes, y precisamente esa diversidad permite valorar la corrida sin reducirla únicamente a los dos indultos.
La afición ecuatoriana tendrá ahora una nueva cita con el festejo del domingo 25 de octubre, anunciado con toros de Ortuño para José Ramón García «El Chechu», Álvaro Samper y Fernando Adrián. Después de una primera jornada marcada por el éxito de El Fandi y Julio Norte, la segunda corrida pondrá a prueba la continuidad de la feria y ofrecerá nuevos argumentos para valorar el juego del ganado y el momento de los toreros.
Latacunga ya tiene dos nombres destacados en el balance de esta apertura: El Fandi y Julio Norte. Sus triunfos se apoyaron en la capacidad de leer las condiciones de sus toros y llevar las faenas hasta un desenlace excepcional. Dos indultos marcaron la tarde; la calidad de la lidia, el contraste entre los ejemplares y el desempeño de cada actuante completan la verdadera dimensión de la corrida.








