
02.10.2026 05:49 a.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
La primera novillada de la Feria de Otoño 2026 dejó en Las Ventas una tarde de contrastes, marcada por un encierro de El Retamar desigual en juego, pero con momentos de interés, especialmente en los ejemplares primero y quinto y, de manera sobresaliente por su presencia, en el sexto. Nacho Torrejón y Sergio Rollón saludaron sendas ovaciones, mientras El Mene se marchó en silencio.
Arbeláez - Colombia. La Feria de Otoño de Madrid levantó ayer el telón en la Monumental de Las Ventas con una novillada con picadores de El Retamar, festejo que reunió en el ruedo a El Mene, Nacho Torrejón y Sergio Rollón, este último incorporado al cartel en sustitución de Mario Vilau, convaleciente de una cornada sufrida días atrás en Hoyo de Pinares. Para Rollón, además, la cita tenía el carácter especial de su presentación con picadores en Madrid, después de haber hecho el paseíllo en este mismo escenario en 2023 dentro del certamen sin picadores.
La tarde tuvo como punto de partida un encierro que, sobre el papel, reunía la seriedad y el cuajo propios de la plaza madrileña. Fueron sorteados seis utreros de El Retamar, con pesos comprendidos entre los 472 y los 538 kilos, y con una media oficial de alrededor de 510 kilos. El conjunto, sin embargo, ofreció una respuesta desigual en los distintos tercios y en la muleta, alternando animales con movilidad y transmisión con otros de comportamiento más apagado. La afición pudo comprobar desde los primeros compases que no sería una tarde de facilidades generalizadas.
El orden de lidia quedó encabezado por el número 55, “Pampunoso”, negro salpicado, de 472 kilos; segundo salió el número 22, “Lechuguero”, negro, de 537 kilos; tercero, el número 54, “Pamplinas”, negro, de 487; cuarto, el número 46, “Coronel”, negro listón chorreado en morcillo, de 536; quinto, el número 64, “Maestro”, negro listón, de 491; y cerró plaza el número 14, “Impagado”, negro listón, de 538 kilos. Esa fue la secuencia ganadera que determinó también el orden de actuación de la terna.
EL RETAMAR: UN ENCIERRO DE CONTRASTES
El comportamiento del encierro fue precisamente uno de los principales argumentos de la tarde. El primero y el quinto ofrecieron movilidad, nobleza y transmisión, condiciones que permitieron a sus respectivos matadores encontrar momentos de mayor conexión con los tendidos. El quinto, “Maestro”, tuvo además una embestida con ritmo y recorrido suficiente para propiciar una faena de mayor entidad. En el otro extremo, algunos de sus hermanos acusaron falta de casta, menor recorrido y escasa capacidad para mantener la intensidad de la lidia, haciendo más cuesta arriba la labor de los novilleros.
Pero si hubo un novillo que sobresalió por encima del conjunto desde el punto de vista de la presencia, fue “Impagado”, sexto de la tarde. Sus 538 kilos y, sobre todo, su cuajo, seriedad y presencia, hicieron que su salida cerrara la novillada elevando el nivel de exigencia del ruedo venteño. La crítica de la Asociación El Toro de Madrid llegó a considerarlo un ejemplar con presencia propia de una plaza de primera categoría, aunque su comportamiento, especialmente por su tendencia a soltar la cara, puso también de manifiesto las dificultades que encerraba.
El quinto, “Maestro”, fue otro de los nombres propios del encierro. Tras una primera parte de la tarde con escasa continuidad general, su movilidad y transmisión permitieron que el festejo recuperara pulso, especialmente durante la faena de Nacho Torrejón. La reseña oficial de Las Ventas señala que el novillero se acopló pronto al animal y consiguió una tanda al natural de especial calidad antes de que el novillo terminara por venirse abajo.
EL MENE: DETALLES QUE NO ENCONTRARON CONTINUIDAD
El Mene, que actuó en primer y cuarto lugar, encontró en “Pampunoso” un animal que ofreció determinadas posibilidades. El novillero dejó de salida algunas verónicas de buen corte, pero la faena de muleta no alcanzó la continuidad necesaria para transformar esas primeras sensaciones en una actuación de mayor relieve. La reseña oficial destaca que mostró su concepto y su buen gusto, aunque sin terminar de encontrar el acoplamiento necesario.
Con el cuarto, “Coronel”, la situación fue todavía más compleja. El animal tuvo un comportamiento más deslucido y la labor del novillero quedó reducida a algunos detalles sin continuidad. Dos actuaciones saldadas con silencio cerraron así la comparecencia madrileña de El Mene, en una tarde en la que la materia prima tampoco permitió construir con facilidad.
NACHO TORREJÓN, FIRME ANTE LA EXIGENCIA
Uno de los nombres que más argumentos dejó sobre el albero fue Nacho Torrejón. Su primer enemigo, “Lechuguero”, no presentó precisamente un panorama sencillo. Desde el capote mostró aspereza y, durante la faena de muleta, exigió al novillero colocación, firmeza y capacidad para resolver cada embestida. La tarde pedía precisamente eso: estar delante, interpretar la condición del animal y no perder la posición.
Con el quinto, “Maestro”, Torrejón encontró mejores condiciones para desarrollar su concepto. El animal tomó la muleta con mayor movilidad y transmisión y el madrileño consiguió series de buen trazo por el pitón derecho, antes de alcanzar uno de los pasajes más destacados de la tarde al natural. La faena tuvo profundidad y ligazón, aunque el novillo terminó perdiendo recorrido y la espada impidió que aquello pudiera traducirse en un premio mayor.
El resultado oficial fue de palmas tras aviso ante el segundo y saludo de ovación frente al quinto. Más allá de los trofeos, su actuación dejó la sensación de un novillero capaz de interpretar una embestida exigente y de encontrar el sitio cuando el animal lo permitía. El quinto fue, junto con el tercero y el sexto, uno de los capítulos más significativos de la tarde.
SERGIO ROLLÓN: UNA PRESENTACIÓN CON PERSONALIDAD Y DIFICULTADES
La tarde tenía también un componente especial para Sergio Rollón, que llegó a Las Ventas por la vía de la sustitución de Mario Vilau y afrontó una oportunidad de enorme trascendencia en su temporada. Su inclusión en el cartel se produjo después de una campaña en la que había obtenido resultados importantes, entre ellos el triunfo en el Circuito de Novilladas de Madrid y una actuación destacada en Arnedo.
Ante “Pamplinas”, tercero de la tarde, Rollón dejó desde el capote una serie de verónicas que despertaron el interés de los tendidos. Con la muleta encontró momentos de mayor conexión, especialmente una tanda al natural que permitió que la faena adquiriera mayor profundidad. La estocada tuvo contundencia y le permitió saludar una ovación.
El sexto, sin embargo, era otra historia. “Impagado” imponía respeto por su presencia y exigía soluciones técnicas, además de valor. Rollón intentó recibirlo de rodillas y posteriormente dibujó verónicas de buen corte, pero el novillo no ofrecía una embestida franca. En la muleta aparecieron la brusquedad y la tendencia a soltar la cara, condiciones que obligaban a un dominio mayor del terreno y de los tiempos. El novillero mostró disposición y no volvió la cara, aunque finalmente la faena quedó en una declaración de voluntad que no pudo traducirse en triunfo.
El balance oficial de Rollón quedó en ovación con aviso en el tercero y silencio tras aviso en el sexto, una estadística que resume bien una tarde de aprendizaje y exigencia en la primera plaza del mundo.
UNA TARDE QUE DEJÓ MÁS PREGUNTAS QUE PREMIOS
La primera novillada de la Feria de Otoño terminó, por tanto, sin orejas y con Nacho Torrejón y Sergio Rollón saludando sendas ovaciones. El Mene escuchó silencio en sus dos actuaciones. La propia reseña oficial de Las Ventas cifra en 17.340 los espectadores presentes en el festejo.
El resultado no debe medirse únicamente por la ausencia de trofeos. La tarde dejó elementos de interés para el aficionado: un quinto que permitió el toreo de mayor consistencia, un tercero que ofreció posibilidades a Rollón y un sexto que recordó, por su presencia, que Las Ventas exige novillos con verdadera entidad. Al mismo tiempo, el conjunto ganadero acusó irregularidad y falta de fondo en varios ejemplares, circunstancia que condicionó notablemente las posibilidades de la terna.
Y es precisamente ahí donde reside uno de los principales argumentos que deja esta apertura otoñal: Madrid no regala nada y una novillada en Las Ventas obliga a medir conjuntamente el valor, la técnica, la colocación, la capacidad de interpretación y la espada. En una plaza donde el tendido examina cada muletazo y cada decisión, las oportunidades aparecen y desaparecen con la misma velocidad que una buena embestida.
El Otoño comenzó en Madrid sin triunfalismos, pero con materia taurina para el análisis. El Retamar dejó un encierro de contrastes; Torrejón encontró en “Maestro” el mejor aliado para expresar su concepto; Rollón enseñó voluntad y asumió la dureza de una presentación de máxima responsabilidad; y El Mene volvió a dejar detalles que no consiguieron convertirse en una actuación redonda. La Feria apenas ha comenzado y Las Ventas ya ha puesto sobre la mesa su inconfundible vara de medir: el toro, la verdad del toreo y la capacidad de cada actuante para responder cuando la plaza aprieta.








