Madrid: Hierro Exigente, Honor Intacto

Madrid: Hierro Exigente, Honor Intacto

04.05.2026  11:44 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La corrida goyesca del 2 de mayo en Plaza de toros de Las Ventas evidenció la dureza del coso madrileño frente a un encierro variado de Ganadería El Pilar. La terna mostró entrega sin reservas, destacando la firmeza de Jesús Manuel 'El Cid' y la sinceridad de Javier Cortés ante un sexto toro de gran nota por su pitón derecho.

Arbeláez - Colombia. La exigencia histórica de Plaza de toros de Las Ventas volvió a erigirse como juez implacable en la tradicional corrida goyesca del dos de mayo, donde el hierro de Ganadería El Pilar presentó un encierro serio, bien rematado de carnes y cuajo, aunque de comportamiento desigual, obligando a la terna a desplegar oficio, paciencia y verdad en cada embroque.

Desde los primeros compases del paseíllo, solemnizado por los acordes del himno nacional, quedó claro que la tarde no sería de concesiones. La plaza, llena hasta sus tendidos con más de veinte mil almas, reclamó desde el inicio pureza, ajuste y dominio, condiciones que solo en contados pasajes encontraron eco ante un conjunto de reses de variada condición.

El lote acusó disparidad en hechuras y juego. Hubo toros de escaso motor, faltos de transmisión y finales deslucidos, pero también ejemplares con matices de bravura que exigieron mando y precisión técnica. Entre ellos sobresalieron el segundo y, con rotundidad, el sexto, ambos de expresión más armónica y mayor disposición al lucimiento dentro de las limitaciones del encierro.

La lidia del sexto, ‘Niñito’, marcó el cénit emocional de la corrida. Toro de embestida franca por el pitón derecho, con humillación y recorrido, permitió vislumbrar el toreo ligado cuando se le sometía con firmeza. Previamente, el tercio de banderillas, rubricado por la exposición de Pablo Gallego, encendió los tendidos y elevó la temperatura de la plaza. En ese contexto, Javier Cortés asumió el compromiso con una faena sincera, de mano baja y trazo encajado, sin concesiones al alivio ni ventajas innecesarias. Cada muletazo llevó la impronta de la verdad, aunque en algunos compases faltó el paso atrás que habría permitido mayor limpieza en la ligazón. Cuando logró acoplarse en una última serie por la diestra, el público respondió en pie, reconociendo la autenticidad del planteamiento. Sin embargo, el acero, siempre decisivo en Madrid, emborronó la obra y dejó todo en silencio tras aviso, pese a la fuerte ovación al bravo ejemplar.

También dejó huella la actuación de Jesús Manuel 'El Cid', quien firmó los pasajes de mayor poso clásico de la tarde. Ante el segundo, un toro de mejor embroque que final, supo encontrar las teclas adecuadas en terrenos paralelos a tablas, dosificando las embestidas con inteligencia. Su toreo al natural, de mano baja y recorrido largo, evocó momentos de su mejor versión, esa que le ha consagrado como referente del temple zurdo. Aunque el astado acusó falta de entrega en el último tercio y terminó rajado, la capacidad del sevillano para sostener la faena con oficio y pureza fue reconocida por los tendidos, que premiaron su esfuerzo con una ovación tras dos avisos.

Menos opciones ofrecieron el resto de los toros del encierro. El primero y el cuarto evidenciaron falta de transmisión y empuje, mientras que el tercero, aunque con mayor movilidad inicial, se vino abajo pronto, obligando a un planteamiento de media distancia que nunca terminó de cuajar. En este contexto, la labor de la terna, completada por Uceda Leal, se movió entre la contención y el intento constante de extraer lo poco que cada astado llevaba dentro.

La corrida, en su conjunto, dejó una lectura clara: la plaza de Madrid no negocia la autenticidad, y el encierro de El Pilar, con su variedad de comportamientos, exigió una tauromaquia de verdad, sin artificios. La entrega de los espadas fue incuestionable, pero solo en contados momentos, como los protagonizados por Jesús Manuel 'El Cid' y Javier Cortés, se logró rozar ese difícil equilibrio entre bravura, técnica y emoción que convierte una tarde en inolvidable.

Madrid, una vez más, dictó sentencia: aquí, el triunfo no se regala; se arranca a pulso, muletazo a muletazo, frente a la verdad del toro.

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