
15.05.2026 04:55 a.m.
Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes - https://todotoroblog.blogspot.com - Web Aliada
La sustitución de El Parralejo por los toros de El Ventorrillo dejó una corrida deslucida, marcada por la mansedumbre, la sosería y la falta de fuerza del encierro. Solo Daniel Luque logró sobresalir gracias a su temple, estética y capacidad de sacar lo poco que tenían sus toros, aunque sus actuaciones dividieron opiniones en Las Ventas. Sebastián Castella y David de Miranda quedaron silenciados tras faenas largas y poco emotivas ante un lote sin transmisión.
Madrid - España. Daniel Luque aplaudido y saludado sin unanimidad. Castella y De Miranda silenciados con diferente justificación. Manso y soso encierro sustituto.
Caído El Parralejo del cartel, por razones veterinarias ya conocidas. Los jandillas de El Ventorrillo tomaron la posta, tristemente. Desde su carta de presentación que no pudo ser peor. Un inválido protestado, sin a quien pudiera interesar, al que Castella dio eutanasia tras tres muletazos al desgaire. Abrió la corrida cinqueña, que trajo 561 kilos de peso promedio, mucha sosería y escasa fuerza. Con eso, apenas las tablas y la estética de Daniel Luque pudieron sobreaguar.
El segundo noble, pero también blando, mereció los honores de los iracundos pañuelos verdes del siete a màs de algunas voces poco edificante. Pero don Pedro Fernández Serrano en su alto palco, no estaba hoy para devoluciones. Entonces el eternal de Gerona, hizo de muleta corazón y aprovechando su fràgil obediencia explayó una compuesta faena de salón que acogida con la típica división de sensibilidades aquí. Palmas contra tatatá. Democracia taurina sistema imperante en Las Ventas. La verdad es que las tandas sucedieron por diestra y siniestra con temple y la personal elegancia de Luque. Sacando del toro el máximo. La estocada de impoluta ejecución y colocación tuvo tan tardo efecto que provocó un aviso y luego una ovación, que quizás en protección del orden público el diestro se negó a saludar.
El quinto, Español III, un torazo negro de 610 kilos fue decorosamente picado por Jabato hijo, y quitado con poco lucimiento por De Miranda. Daniel, como diciendo esto se hace así, replicó con tres chicuelinas muy arrimadas y una media salerosa. Brindó a la llena y soleada plaza y se fue para los bajos del Cinco. En el cinco la vida es más sabrosa, vox populi. Había que darle garantías al posible triunfo. El ya famoso tendido acogió la faena con un fervor de propiedad privada. Y en verdad parecìa que iba solo para ellos que jaleaban lo bueno que hubo bastante y lo malo que no faltó. Por igual. Todo tan largo, tan intermediado por tiempos muertos y tan soso por la moribunda caminata del ventorrillo. No les importó, la faena era de ellos, para ellos y por ellos. Hasta que Usía viendo el reloj les avisó que ya estaba bueno. Entonces la espada cimera y eficaz, les dio argumento para pedir la oreja, solo ellos. No les alcanzó. Cuando sacaron el desagraviado al tercio se prendió el otro round: ovación, contra ¡tápate!
El tercero fue recibido a los gritos de “toro” y “miau”. Pero cuatro verónicas y media donosas. . Acude presto a las dos Varas de Cándido Félix, traseras al uso, empujando en ambas, pero a sin reconocimiento. Persecución a los banderilleros que no lo merecieron. De Miranda brinda al público. Viento. Cinco estatuarios y firma, ceñidos ilusionan. Pero la brega pronto se desinfló entre soserías, y una rajada final. La estocada caída hizo juego. Pitos al noble manso y silencio al poco emotivo.
El colorado cuarto, había sido recibido con indiferencia que justifico. Partitura sosa con la que danzó Castella larga, desconsiderada y protestadamente. Hasta el cansancio y el aviso, previo a tres pinchazos desarmados, una estocada caída también desarmada, y dos descabellos fallidos. Solo el Cinco y Luque montaron su fiesta aparte.








