
12.05.2026 05:09 p.m.
Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes - https://todotoroblog.blogspot.com - Web Aliada
La gran triunfadora de la tarde fue la novillada de Montealto, por su bravura y calidad, pero quien terminó conquistando Madrid fue Álvaro Serrano, que destacó con entrega, valor y buen toreo, especialmente en su segundo novillo, logrando abrir la puerta grande gracias a una actuación llena de emoción y verdad.
Madrid - España. Los tresañeros de Montealto llegaron con 512 kilos promedio. Bien criados, entipados y puestos de pitones. Dos negros, dos castaños y dos colorados. Aplaudidos de salida 2°, 3°, 5° y 6°. De arrastre todos, ovacionado fuerte el cuarto, al sexto se le pidió duro la vuelta al ruedo. Encastados, nobles y firmes. Así estuvo la plaza con los juanpedreños utreros. Lo merecieron.
Pero como son las cosas, mientras los dos más antiguos alternantes extraviaron en lejanías y enganchones las excelencias de sus primeros utreros, vino el más nuevo del cartel Álvaro Serrano, se plantó en jurisdicción, y a la emoción del gran “Cartero” agregó la suya encendiendo la plaza que dicho sea de paso le fue propicia desde el primer lance rodilla en tierra, tres y tres verónicas y media incitantes. De largo se fue al caballo y empujó ante la vara incierta. El quite a la verónica tuvo predicamento. En la segunda entrada tiró jinete y caballo a tierra por separado y cuando se disponía a ir por la tercera, cambiaron el tercio, bajo protestas. Bastos quitó a la mexicana, gaoneras, fregolina y brionesa. Ramos y Martín cumplen con los palos.
El brindis fue por el micrófono de la televisión. Los presentes no supimos a quién. Pero la faena de tandas cortas, enjundiosas y veraces, aunque con más vibración que nitidez, pegó de lleno en el tendido cubierto a más de tres cuartos. La complicidad fue in crescendo; novillo, novillero y público, hasta la estocada delantera pero letal, que obtuvo la primera oreja y una fortísima petición de segunda no concedida.
Con el sexto, hubo más poso, más temple, mas, lentitud y buen trazo. “Molinero” con sus 529 kilos enganchó el primer lance, pero Serrano, resolvió el trance a su favor, sin dejarse arrebatar el capote convirtiéndolo en dos pintureras largas cambiadas de pie. Gran pelea del moentealtuno en dos atinadas varas de Héctor Vicente que se llevó una larga ovación en tarde de muchas ovaciones. Bastos, aprovechando la calidad del bravo, trata de colorear su gris actuación con quite de chicuelinas y media, lucido. Aguado y Martín le hacen los honores con los palos, y ahora sí, la montera es para los que tendrán la última palabra.
La faena, decíamos, la de la tarde, fluyó más por el camino del arte que del combate, pues el buen ojo de perdíz atacaba con codicia, pero claro y fijo, encontrando el camino concéntrico y muy próximo al eje, dibujado por una muleta limpia, ligada y sosegada las más de las veces. Buena faena por una y otra mano y buena embestida por uno y otro pitón. Abajo, a media y arriba. El culmen se alcanzó con la izquierda, cinco naturales, un par conmovedores, los otros convincentes, y el forzado semicircular, al hombro contralateral, tremendo. La siguiente serie no desmereció y el epílogo de ayudados, trincheras y firmas precedió una estocada cimera, pero de tardo efecto. Cayó el bravo y se levantó tres veces, motivando dos avisos. La gente con los pañuelos en la mano esperó hasta el último segundo para saber si era toro vivo o puerta grande, hasta cuando cayó por última vez. Una tempestuosa petición contenida como un estornudo, también hasta el último instante, abrió la puerta grande para el novillero de Navas del Rey.
El portugués Tomás Bastos, y el sevillano Martín Morilla, fueron superados por sus buenos lotes a los cuales para colmo mataron muy mal. Triunfador indiscutido de la corrida Montealto con su completísimo encierro. Álvaro Serrano marcó el contraste con lo que Madrid siempre agradece, ir a donde se cuecen las habas, los terrenos del toro..., y torear allí.








