
05.06.2026 07:57 a.m.
Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes - https://todotoroblog.blogspot.com - Web Aliada
Un heroico Hernández dos veces cogido pincha una faena de gran contenido ético. Silenciados Emilio de Justo y Borja Jiménez, ante un encierro que dio mucha pelea en tarde de siete avisos…
Madrid - España. De Jandilla cuatro, los primeros, y quinto y sexto de Santiago Domecq, vinieron, vieron y vencieron. Más el que abrió la corrida, “Opaco” un cuatreño, carbonero precioso, astifino de 591 kilos, que fue recibido con ovación y que se jugó entero, bravísimo en todos los tercios. Ante la capa insuficiente, las varas traseras de José Antonio Barroso. Los discretos quites a la chicuelina del titular Emilio De Justo y Borja Jiménez, que no le hicieron los honores. Las banderillas más que decorosas de Chacón y Valcarce, y la muleta y la espada, que fueron historia aparte.
A todo fue con prontitud, codicia, fijeza, morro abajo y repetición generosa, largamente, con mucho fondo el gran jandilla. Pero lo que encontró fue un trapo encimista que no vaciaba, ensamblando un viaje con el otro, sin permitir el parar y sin mostrar el mandar, a la altura que la estupenda arremetida merecía. El tendido entendió de una por donde iban las cargas. Y a las series respondía con fría cortesía.
El torero de Torrejoncillo, un valeroso sobreviviente de esta plaza y de muchas batallas más, está por encima de toda duda, pero con este magnífico ejemplar con el que en otro mejor momento hubiese levantado una leyenda se eauivocó de medio a medio y lo dejó ir. Además, dándole un muerte indigna e inmerecida. Un pinchazo bajo, diez intentos de descabello y dos avisos. Más que el silencio piadoso, la gran ovación para el árrstre resumió el primer acto fallido de la corrida. Que tuvo varios.
El cuarto, “Lacerado”, negro, cinqueño, un dechado de obediencia y bondad, que por su poco remate fue protestado de salida, el único, pero pronto su amable juego le ganó simpatías. Emilio se volvió a enrutar por los caminos retórico dejando de lado la sustancialidad, en una faena que la hubiese merecido. Quizás el momento más lúcido lo alcanzó promediando, con series de naturales, trinchera, natural y pecho ligados. El discurso circular impactaba, vendía. Salvo en algunas voces exigentes, aisladas, que en democracia pesan poco. Pero llegó la suerte suprema y una espada trasera desprendida indignó, seguida también de dos avisos y tres golpes de cruceta que fueron como tres golpes en la puerta de la desgracia, para citar al Extranjero de Camus. Una sonora rechifla acompañó el regreso al burladero, y la ovación para el toro fue a palma redoblada.
Borja Jiménez, no logró establecer gobierno ni temple sobre las embestidas de encastado segundo, “Libelula”, al cual terminó pinchando por partida doble con clarinazo y un fierrazo arriba que puso punto final. Con el quinto, “Piernasuelta” un precioso berrendo en sardo, de Santiago, también de mucho raza, porfió trompicado ante la indiferencia del lleno, y el desconcierto del toro. Una estocada ida y dos golpes de cruceta silenciaron a todos.
La tarde parecía irse sin historia coletuda. Las hazañas las habían protagonizado los toros. Hasta cuándo Víctor Hernández y el avieso “Versado”, el sexto, sé encontraron. Entonces la cosa se tornó dramática y trágica. En el primer lance el joven fue cogido violentamente con toda la fuerza del toro levantado, lanzándolo muy alto y bsucándolo a cornada limpia después. De milagró no lo caló. Se reincorporó sereno , sin zapatillas, ni chaquetilla ni coba, y volvió a la incierta y erizada cara, entre la ovación solidaria.
Collado le pegó duró en dos varas traseras, como es ya canón, entre protestas, mientras el santiaguino empujaba denodado. El brindis al público alentó la simpatía que ya era mucha por el torero. Siempre por la cara, el arrojado de Los Santos de la Humosa, respondió por su hombría con aguante, y por su torería sacando muletazos de diverso temple a los inciertos envites. Cada uno era un albur. La gente con él, cómo no. Partidarios y no. Hasta que en un derechazo la revuelta encontró bulto y la segunda cogida por el fajín lo izó como bandera sacudiéndolo aterradoramente. Nada, por fortuna no hubo compromiso de piel. Pero lució tremedo. De allí en adelante el espectáculo de valor y riesgo conmocionó la plaza. El premio venía porque venía, pero la espada dijo no. Delantera ineficaz, seguida de siete descabellos y un aviso dejaron todo en una saludó con ovación estruendosa que le acompañó hasta que dejó la plaza. Impresionante.
Ficha del Festejo
Madrid. Jueves 4 de junio 2026. Plaza de Las Ventas. 24ª de San Isidro. Sol 28ºC. Lleno. Cuatro toros, de Jandilla, 5º y 6º de Santiago Domecq, diversos de presencia y muy encastados, bravo el 1°. Emilio de Justo, silencio tras dos avisos y pitos tras dos avisos. Borja Jiménez, silencio tras aviso y silencio. Víctor Hernández, saludo con protestas tras aviso y saludo tras aviso.








