San Isidro: Qué Corrida

San Isidro: Qué Corrida

01.06.2026  05:07 a.m.

Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes - https://todotoroblog.blogspot.com - Web Aliada

Antonio Ferrera en maestro heterodoxo, corta orejas al segundo y al sexto, abriendo la Puerta grande. Paco Ureña heroico termina su lidia, corneado, bajo gran ovación. Manuel Escribano silenciado. Serio y exigente encierro de Adolfo…

Madrid - España. El toro señores. Cuando Paco Ureña cruzó el ruedo corneado hacia la enfermería bajo una ovacion en pie de toda la plaza llena, después de haber dado muerte al fiero tercero que le había buscado y buscado, y cantado la cogida. La tarde había dejado de oler a hule y ahora olía a sangre, pero también a valor y torería.

Los toros de Adolfo Martín parecían haber tomado la plaza. La cogida de Paco fue pavorosa desde que lo levantó ya lo llevaba herido, luego jugó con él en el aire tirándole puñaladas y al caer lo buscó en el suelo con saña. Era astifino, veleto, muy armado, como toda la corrida. Que fue muy enrazada, entipada, y exigente al máximo. No regaló nada. Como debe ser.

El primero y el segundo había pasado imponiendo miedo y cautela, dejando silenciados los riesgos y sudores que sus lidiadores habían derrochado frente a sus erizadas testas, y el tercero cobró sangre, ya dijimos. La tarde parecía de ellos. Y saltó, “Peluquero”, cinqueño como todos, menos el segundo, en 515 kilos, y un escaparate puntiagudo. Cuatro verónicas y media de Ureña le pararon en los medios. Atacó en las varas de Richi Romero con desigual presteza, pero similar empuje. Luego espantó a Azuqita y a Soler que no atinaron sino a tirarle los palos de a uno en uno bajo la protesta general. Sin brinda, Paco lo sacó a tirones hasta los medios y allí se planteó la batalla, pase, amagué, pase, revuelta, pase, colada, pase, cogida. El murciano estoico, como es, se negó a las ayudas, continuó la lidia, maltrecho, hasta derribar al victimario de una estocada honda, caída y un descabello antes irse por su propio pie a cirugía.

Entonces, saltó “Mentiroso” el cuarto, con tremenda cara, y Antonio Ferrera, lo recibe con un lanceo muy de brega y una media en los medios. Fue de pronto, cuando la tarde cambió a favor del toreo, pues Ángel Otero, tomó los palos y se fue al balcón del cárdeno, metió su cuerpo en él, y clavó dos pares de una verdad e impactó, que levantaron la plaza en un clamor. Saludó montera en mano. Los naturales ligados y el forzado mostraron que los toreros comenzaban a ganar terreno..., y la faena cogió por los caminos de la lidia dominante, poderosa y efectiva, antañona, a derecha e izquierda. El pequeño maestro, se engrandecía, tomaba propiedad de ruedo y tendido. Cinco derechas redondas, un ayudado y un desplante de ovación firmaron la victoria. Se echa la muleta al hombro, se aleja quince metros para citar a recibir, pincha arriba y a continuación, en la misma forma coloca un espadazo contrario pero fulminante. Que rodó al bravo, que fue arrastrado bajo gran ovación. De no ser por la descentrada colocación del estoque. Las dos orejas hubiesen caído. Había unanimidad expresada en la triunfal vuelta al ruedo y el derroche de prendas.

Tuvo que lidiar y sexto por su compañero herido al que lo brindó, y ahí se comprobó que el gran Ferrera estaba de vuelta a sus casi treinta años de alternativa. Desatado, dio rienda suelta a su imaginación, hizo de todo, hasta bajar al picador, montar, colocar dos varas estupendas, desmontar, coger su capote azul y hacer el quite con dos chicuelinas y una serpentina en medio del manicomio en que había convertido la plaza. Entonces, el presidente, don Pedro Fernández Serrano, se negó a cambiar el tercio, nadie sabe por qué. En medio del forcejeo, el toro entró de nuevo al caballo, y se formó la bronca de las broncas. La faena continuó pasional hasta la espada honda desprendida y ya el palco no pudo contener la tremenda petición, concediendo la oreja y las llaves de la puerta mayor.

Manuel Escribano, dos veces a portagayola, que no es poco, y en Las Ventas, anduvo desacertado con las banderillas en el segundo y se reivindicó con ellas en el quinto. Por lo demás, con capote, muleta y espada, pasó cauto y soso, sin ponerse a la altura de su fiero lote. Mató ambos mal y avisado, pasando en insatisfecho silencio. Gran encierro de Adolfo. El toro es la emoción.

Ficha del Festejo

Madrid. Domingo 31 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 21ª de San Isidro. Sol 34ºC. Casi lleno. Seis troros de Adolfo Martín, cinqueños, excepto el 2º, 531 kilos promedio, entipados y bravos. Antonio Ferrera, silencio, oreja y oreja. Manuel Escribano, silencio tras aviso y silencio tras aviso. Paco Ureña, cornada y ovación. Incidencias: Al final del festejo Antonio Ferrera salió a hombros por la puerta grande.

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