21.05.2026 05:46 a.m.
Redacción: Víctor Diusabá Rojas - https://www.agronegocios.co - Web Aliada
La corrida en Las Ventas estuvo marcada por la poca entrega de los toros, lo que impidió el lucimiento de José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla. Aunque hubo momentos de esfuerzo y calidad, especialmente del torero colombiano, la falta de emoción y conexión con el público dejó una tarde discreta y sin triunfos.
Madrid - España. La ilusión de una tarde con éxito de tres hombres necesitados de triunfo, se esfumó de turno en turno. Para el español José Carlos Venegas, el francés Juan Leal y el colombiano Juan de Castilla, la tarde debió parecer tan larga y falta de contenido como para quienes se apostaron en Las Ventas en tarde veraniega. En realidad, la corrida hubiese tenido otro rumbo si los toros de Saltillo no se hubieran quedado a medio camino entre el querer y el poder. Porque, básicamente, no hubo entrega en ellos, hasta el punto de mentir a la hora de plantar cara y elegir, más bien, el ostracismo. Igual, pasó, o resultó peor, con el remiendo de Couto de Fornilhos, ejemplar sin forma ni fondo. Al final, eso mismo terminó cayendo sobre los toreros, quienes debieron resignar esta, su oportunidad.
La tarde abrió con José Carlos Venegas viendo venir en linea recta al de Saltillo, toro que empujó en el caballo, como sucedió con buen parte del encierro. En la muleta, el toro tuvo alguna condición que el torero aprovechó con firmeza y mucho sitio para sacar pases de mérito. Saludo tras espada tendida.
El segundo apretó de salida a Juan Leal, quien supo resolver con el capote. Un quite de Juan de Castilla por chicuelinas tuvo retribución por parte de los tendidos. El toro pareció ir a más en cuanto Leal le puso el engaño en la distancia apropiada. Un espejismo, porque, aparte de dos series por abajo y guardando precauciones, todo volvió a perder importancia. Ligeras palmas al torero francés.
Dos verónicas y un remate por abajo con el capote, permitieron a Juan de Castilla fijar a ese tercero, su primer ejemplar en la corrida. Tras un quite de Venegas, Juan brindó a la gente y se puso de rodillas para templar y ligar, trayendo al tren desde lejos. Enseguida, dos series de derecha sin regalarse nada, con un toro que iba, no siempre con la entrega y la alegría necesarias, encontraron poco eco en los tendidos. Faena limpia, sin conexión con la gente, rematada con espadazo de colección. Tibias palmas al torero colombiano.
El cuarto fue otra cosa. Más en Saltillo que sus antecesores. Y, a la vez, más complejo, rayando en lo imposible para mala fortuna de Venegas. Pitos en el arrastre.
El feo quinto, del hierro Couto de Fornilhos, fue distraído, o al menos posó de eso, porque anduvo con peligro sordo, aparte de escupirse del piquero en la contraquerencia. Igual, Leal se puso en los medios en procura de aconductarlo con decisión y muleta baja que el animal tomó a regañadientes. Capítulo largo y sin emoción. Espada trasera.
El sexto se movió más que sus hermanos, solo que repuso siempre hasta evitar que la lidia de Juan de Castilla tuviera la continuidad necesaria para alcanzar la ligazón. Así, lástima, las series tuvieron mejores principios que finales. La espada del torero nacido en Medellín no acertó una y otra vez, silencio.
Ficha de la Corrida
Toros de Saltillo y uno de Couto de Fornilhos, lidiado en quinto lugar. Pesos: 585, 529, 587, 576, 565 y 579 kgrs. El primero, con movilidad y opciones. El segundo, noble y descastado. El tercero, con movilidad pero sin terminar de romper. El cuarto, imposible. El quinto (de Couto), manso con peligro. El sexto, sin entrega. José Carlos Venegas (Blanco y oro) Saludo y silencio. Juan Leal (Celeste y oro) Silencio y silencio. Juan de Castilla (Obispo y oro) Palmas tras aviso y silencio luego de aviso.








