San Miguel Sevilla: Aguado Puerta del Príncipe

San Miguel Sevilla: Aguado Puerta del Príncipe

26.09.2026  02:57 p.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

En el segundo festejo de la Feria de San Miguel 2026, con el cartel de "No hay billetes" colgado en La Maestranza, un serio y noble encierro de Jandilla sirvió de escenario para tres versiones distintas del arte de torear. Emilio de Justo escribió una tarde de entrega y poderío, Andrés Roca Rey desbordó espectacularidad con mando, y Pablo Aguado volvió a enloquecer a Sevilla con la pureza de un toreo clásico e inspirado que le abrió, a hombros, la Puerta del Príncipe.

Arbeláez - Colombia. Hay tardes que se recuerdan por un solo torero y otras que quedan grabadas porque el toreo se manifestó en todas sus formas posibles. La de este tercer festejo de la Feria de San Miguel 2026 perteneció, sin duda, a las segundas. En una Maestranza rebosante, con el cartel de "No hay billetes", la afición sevillana continuó a una lección completa del arte de lidiar: el poderío y la entrega de Emilio de Justo, la espectacularidad desbordante de Andrés Roca Rey y la pureza inmarcesible de Pablo Aguado, todo ello sostenido por un pilar imprescindible que a menudo pasa inadvertido pero que esta tarde brillante con nombre propio: el toro. Porque sin la nobleza y la casta de los astados de Jandilla, ninguna de estas tres versiones del toreo habría alcanzado la altura que alcanzó.

UN ENCIERRO DE JANDILLA CON CLASE Y FONDO.

Pocas divisas encarnan hoy con tanta fidelidad el concepto de toro comercial y de casta como Jandilla, y la corrida lidiada esta tarde en la Real Maestranza de Caballería lo confirmó con creces. Se trató de un lote serio, bien presentado y de trapío armónico, con ejemplares que rondaron los quinientos kilos y que exhibieron, en su mayoría, buen gusto en las hechuras, astifinos y acodados de pitones. Más allá del envío, lo decisivo fue el comportamiento: fueron toros que humillaron, repitieron y sacaron fondo, ofreciendo a las espadas embestidas nobles, pero con la suficiente exigencia como para medir sus capacidades.

No todos los astados alcanzaron la misma altura. Algunos acusaron flaquezas en los cuartos traseros o se afligieron en la muleta cuando el castigo o el poder del torero les pasó factura. Pero el conjunto dejó una impresión rotunda: una ganadería que permite el triunfo sin regalarlo, que exige toreo verdadero para rendirse. Esa combinación de nobleza y transmisión fue el auténtico nacimiento sobre el que se levantó la tarde.

EMILIO DE JUSTO: PODER, TEMPLO Y UNA ENTREGA SIN CONCESIONES

El extremeño abrió plaza con una declaración de intenciones que estremeció al tendido. Recibió a 'Zaiteku' a una mano, pegado a las tablas, primero genuflexo y luego encajado, en una suerte de máxima exposición que el toro castigó viniéndose por dentro y arrollándolo por el pitón derecho. Magullado y con dos golpes en la cara, Emilio de Justo no retrocedió ni un palmo, prosiguiendo por chicuelinas con la sangre fría de quien entiende el toreo como un pulso de dignidad.

Con la muleta, el de Cáceres construyó un importante toreo al natural, firme y acoplado, toreando de uno en uno y sin inercias, con el trazo curvo de los muletazos y una ligazón que fue creciendo en rotundidad serie tras serie. Ante un toro exigente, poco entregado por el pitón derecho y de finales cortos, su faena adquirió el valor de lo difícil: no fue un triunfo de brillo fácil, sino de oficio, mando y verdad.

En el cuarto, 'Zurrador', volvió a marcar el sello de la tarde saliendo a porta gayola y salvando con limpieza el trance pese a la falta de fijeza del astado. Pulseó la embestida por el pitón derecho, dando orden y midiendo los tiempos, hasta lograr dos tandas que hicieron sonar la música. La condición del toro, que sangró y se afligió, terminó por venir la faena abajo, pero nunca por la actitud de un torero que ofreció una lidia meritoria y un poderío incontestable. Oreja en el primero y ovación en el cuarto refrendaron una tarde de entrega absoluta.

ANDRÉS ROCA REY: LA ESPECTACULARIDAD HECHA MANDO

Si alguien tradujo en emoción pura el clamor de la Maestranza, ese fue Roca Rey. El peruano entendió que el toro de Jandilla premiaba tanto la estética como la firmeza, y jugó ambas cartas con una inteligencia lidiadora sobresaliente. En el segundo, 'Birlador', un toro de gran trapío y buen gusto, molestó el viento en el arranque, pero el limeño respondió ligando los muletazos en el sitio, con trazo largo y mano baja, en una serie de máxima exigencia que doblegó momentáneamente la casta del astado. Cuando el toro perdió fondo y no aguantó su poder, la faena se vino a menos, dejando la sensación de un torero que exprimió cuanto había.

Fue en el quinto, 'Campechano', donde estalló la espectacularidad que ha convertido a Roca Rey en fenómeno de masas. Vibrante desde el inicio, de rodillas en el centro del ruedo, con pases cambiados por la espalda y una arrucina (pase de muleta creado en 1945 por el torero mexicano Carlos Arruza como respuesta a la manoletina de Manolete) en terrenos inverosímiles que entregó a la plaza por completo. El de Jandilla tenía categoría en su embestida y humillaba por el pitón de dentro, y el peruano supo alternar el toreo de mando, donde afloraron el poder, la raza y el temple, con la búsqueda de un camino más estético y relajado. Los tendidos se dividieron al medir su propuesta, pero el final por cercanías, con los pitones rozando el pecho, alcanzó la unanimidad. Una estocada certera le valió la oreja, mientras el público ovacionaba al bravo de Jandilla.

PABLO AGUADO: LA PUREZA QUE VOLVIÓ A ENLOQUECER A SEVILLA

Y por encima de todo, la tarde tuvo un nombre propio y un apellido de eco sevillano: Pablo Aguado. Su triunfo no se explica por la aparatosidad ni por el desplante, sino por algo mucho más difícil de alcanzar y de sostener: la pureza del toreo clásico, esa que brota sin brusquedades, de unas muñecas nada rígidas, de una figura desmayada y de una cadencia que parece detener el tiempo.

En el tercero, 'Iniciado', un toro más basto y de movilidad algo descompuesta en la cercanía, Aguado se acopló pronto y dejó brotar el toreo con excelsa naturalidad. Con la cintura flexible y una aparente facilidad que solo dominan los elegidos, compuso una obra muy sevillana, llena de originalidad e inspiración. La serie de trazo circular sobre la diestra puso al público en pie, y el remate a dos manos, con un ayudado por alto de rodilla en tierra, coronó una de las grandes faenas de su carrera en la Maestranza. La estocada, de muerte de bravo en el centro del ruedo, precipitó las dos orejas.

El colofón llegó con 'Peleador', que cerró plaza. Pese a no apoyar bien los cuartos traseros y ofrecer embestidas de salida cortas, el toro guardaba un bordado y un viaje precioso, y Aguado supo encontrar. Tras un buen recibo a la verónica, pulsó la embestida con un trato exquisito, en la media altura, y desgranó un toreo templado, con muletazos por alto y una rodilla en tierra que fue una oda al toreo sevillano de siempre, a lo clásico. De nuevo enorme, volvió a poner en pie a La Maestranza en una de sus mejores tardes. La espada tardó en hacer efecto y sufrió con el descabello, con dos avisos incluidos y el toro barbeando las tablas, pero la petición fue mayoritaria y la oreja concedida bastó para redondear la gesta: la Puerta del Príncipe se abrió de par en par.

Ficha del festejo

Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Tercer festejo de la Feria de San Miguel 2026. Lleno de "No hay billetes". Toros de Jandilla, serios, bien presentados y de juego noble y encastado. Emilio de Justo: Oreja y Ovación. Andrés Roca Rey: Silencio y Oreja. Pablo Aguado: Dos orejas y Oreja. Salida a hombros por la Puerta del Príncipe. Incidencias: los banderilleros Agustín de Espartinas y Fernando Sánchez se desmonteraron tras parear al quinto, gesto que repitió a Iván García en el sexto, en reconocimiento a la calidad del encierro de Jandilla.

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