Sevilla: Oficio y Verdad Ante un Encierro Sin Alma

Sevilla: Oficio y Verdad Ante un Encierro Sin Alma

13.04.2026  11:51 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La terna compuesta por Pepe Moral, Lama de Góngora y Fabio Jiménez mostró firmeza, técnica y compromiso en la Feria de Abril de Sevilla 2026, enfrentándose a un encierro de Ganadería de Alcurrucén duro, falto de raza y escaso de transmisión, que condicionó el lucimiento artístico, pero no apagó la entrega de los espadas.

Arbeláez - Colombia. La tarde del pasado sábado en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla dejó una lección de tauromaquia fundamentada en el oficio, la capacidad de adaptación y el compromiso frente a un encierro exigente y deslucido de Ganadería de Alcurrucén. La terna actuante, lejos de encontrar un lote propicio para el triunfo rotundo, hubo de enfrentarse a un conjunto de astados de comportamiento irregular, escasa raza y movilidad decreciente, que pusieron a prueba la solvencia técnica de los diestros.

Desde la salida del primero, “Catalino”, se evidenció el tono general de la corrida: toros de correcta presentación, serios, bien armados y de hechuras típicas de la casa, pero con un denominador común marcado por la falta de entrega y continuidad en la embestida. Pepe Moral, que recibió a portagayola, dejó patente su disposición ante un ejemplar noble, pero desrazado, al que hubo que llevar muy metido en la muleta, con cites adelantados y firmeza en el embroque. La faena, medida y de técnica depurada, nunca alcanzó vuelo por la falta de fondo del astado, aunque fue rubricada con una estocada de ejecución impecable que le valió una ovación de reconocimiento.

El segundo turno correspondió a Lama de Góngora, quien se topó con un toro de embestida irregular, de arreones y sin inercia. El sevillano supo entender la condición del animal, apostando por un toreo de mano baja, templado y de buen gusto, especialmente en los compases finales de la faena, donde logró acoplarse a la embestida. A pesar del viento que deslució algunos pasajes, su labor fue de menos a más, logrando arrancar una oreja tras una petición ajustada, no exenta de controversia.

El tercero, “Corneto”, marcó el debut como matador en Sevilla de Fabio Jiménez, quien dejó una grata impresión ante un toro parado, de embestida incómoda y con tendencia a descomponerse en el embroque. El riojano tiró de valor seco y firmeza, tragando parones y exponiendo en cada cite, logrando momentos de profundidad, especialmente en un natural de gran calado. Su actuación fue premiada con una ovación tras aviso, reflejo del reconocimiento a su entrega.

La lluvia hizo acto de presencia en el cuarto, condicionando tanto el desarrollo de la lidia como la percepción del público. “Tonadillo”, de mejores condiciones iniciales, permitió a Pepe Moral desarrollar una faena de importancia, basada en la exigencia por el pitón derecho, bajando la mano y sometiendo al animal en series de notable intensidad. Sin embargo, la pérdida progresiva de celo del toro y la espada defectuosa restaron contundencia al conjunto. Aun así, la vuelta al ruedo fue un justo reconocimiento a su labor.

El quinto, en manos de Lama de Góngora, evidenció el desgaste de un encierro venido a menos. Aunque con buena intención en el embroque, la falta de transmisión y el castigo en varas mermaron sus posibilidades. El torero alargó en exceso una faena que nunca terminó de romper, cerrando su actuación con silencio.

El sexto, “Tonadillo”, puso el broche a una corrida cuesta arriba. El toro, descoordinado y falto de motor, evidenció aún más la falta de fondo del encierro. Fabio Jiménez lo intentó sin reservas, buscando por ambos pitones el lucimiento imposible, mostrando actitud y disposición, aunque sin encontrar materia prima para el triunfo.

En conjunto, la corrida de Ganadería de Alcurrucén se definió por su desigual comportamiento: toros con buena intención inicial, pero carentes de raza, con movilidad decreciente y escasa transmisión, lo que derivó en un espectáculo más técnico que artístico. Sin embargo, la terna respondió con profesionalidad, inteligencia y valor, dejando claro que, incluso ante un encierro “descafeinado”, la tauromaquia encuentra su grandeza en la actitud del torero.

La tarde no fue de clamor, pero sí de respeto. No hubo apoteosis, pero sí verdad. Y en ese terreno, el más exigente de todos, los tres espadas supieron estar a la altura de Sevilla.

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