Sevilla: Raza y Pulso en el Albero

Sevilla: Raza y Pulso en el Albero

16.04.2026 01:18 p.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Una novillada de contrastes evidenció la importancia capital de la condición del utrero y la capacidad resolutiva de los novilleros. Entre embestidas de gran clase, falta de fuerza y comportamientos mansos, los actuantes respondieron con valor, técnica y concepto, firmando una tarde donde la actitud marcó la diferencia y elevó el resultado artístico.

Arbeláez - Colombia. La novillada puso en primer plano un axioma incuestionable del toreo: la obra final es el resultado directo del diálogo entre la condición del astado y la actitud del torero. En este caso, el encierro ofreció un abanico ganadero amplio, desde la bravura con calidad hasta la mansedumbre defensiva, que obligó a los novilleros a desplegar no solo valor, sino también inteligencia lidiadora y capacidad de adaptación.

Desde el inicio, los utreros evidenciaron desigualdad en su remate y expresión, pero con un denominador común en varios ejemplares: una embestida con clase, aunque condicionada en muchos casos por la falta de fuerza. Esta circunstancia marcó el desarrollo de las faenas, exigiendo un toreo medido, de pulso y técnica depurada para no quebrar la inercia del viaje.

El primero dejó entrever un fondo de nobleza, pero limitado en su poder. Su humillación inicial y buen son se diluyeron progresivamente, evidenciando la fragilidad estructural que obligó a un planteamiento basado en la suavidad y el temple. Aquí, la actitud del novillero fue de comprensión y mesura, entendiendo que el lucimiento pasaba por no violentar la embestida.

El segundo elevó notablemente el listón en cuanto a calidad. Utrero de gran clase en los primeros compases, con transmisión y recorrido, aunque condicionado por el desgaste en varas y cierta tendencia a querenciarse. Su comportamiento exigió colocación precisa y un trazo largo, donde el novillero respondió con una actitud estética y firme, sabiendo aprovechar los momentos de mayor entrega. La falta de premio mayor no deslució una actuación de mérito, condicionada por pequeños desajustes.

El tercero fue, sin duda, el paradigma de la bravura con clase dentro del conjunto. Aun falto de fuerza, su ímpetu y calidad en la embestida permitieron el toreo de mayor expresión técnica de la tarde. Aquí se vio con claridad cómo la actitud del novillero, basada en el mando, el temple y la ligazón, logra potenciar las virtudes del animal. La clave estuvo en no descomponer la embestida, llevándola siempre enganchada y por abajo, extrayendo muletazos de gran dimensión.

El cuarto presentó mayores complejidades: reservón, con embestida incierta y tendencia a defenderse en el embroque. Este tipo de comportamiento pone a prueba la verdad del torero, que debe imponerse desde la técnica más que desde la inspiración. La actitud aquí fue de firmeza y exposición, optando por distancias cortas y un toreo de dominio, logrando arrancar muletazos de mérito ante un utrero de escasa clase.

El quinto, más basto y descompuesto, evolucionó positivamente en la muleta, sacando un fondo de nobleza que no había mostrado en los tercios iniciales. Este cambio evidenció la importancia del planteamiento del novillero, que supo estructurar la faena de menos a más. La actitud fue decidida desde el inicio, incluso con gestos de alto compromiso, y posteriormente templada, encontrando la tecla adecuada para encauzar la embestida y dotarla de continuidad.

El sexto, de condición inicialmente mansa y comportamiento defensivo en varas, rompió en la muleta de manera inesperada. Este tipo de novillos, que van “a más”, exigen fe y convicción por parte del torero. La actitud del novillero fue determinante: apostó desde el inicio, incluso de rodillas, provocando la embestida y generando la emoción necesaria para que el utrero se viniera arriba. La faena tuvo altibajos, pero dejó constancia de una disposición firme y una capacidad de conectar con los tendidos.

En conjunto, la novillada confirmó que la calidad de la embestida no siempre va acompañada de fuerza, y que la bravura moderna exige un toreo más técnico, basado en el temple, la colocación y la sensibilidad. Frente a ello, los novilleros respondieron con actitudes diferenciadas, pero en general comprometidas, destacando aquellos que supieron leer las condiciones del utrero y adaptar su concepto.

Porque, en definitiva, cuando el novillo plantea incógnitas, es la actitud, entendida como valor, inteligencia y disposición, la que resuelve la ecuación del toreo. Y en esta tarde, entre la diversidad ganadera y la entrega de los actuantes, quedó claro que el futuro de la tauromaquia sigue escribiéndose sobre la base de esa eterna confrontación entre casta y voluntad.

 

 

Volver

Contacto

En el Callejón
Finca Buenos Aires
Vereda San Miguel Bajo
Arbeláez - Colombia

(057) 311 5129275

© 2025 Todos los derechos reservados.