
13.04.2026 11:55 a.m.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora
La corrida celebrada este domingo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla dejó un balance de emociones encontradas, marcada por la desigual condición del encierro de Fuente Ymbro y el compromiso absoluto de una terna que se jugó la vida frente a toros exigentes, inciertos y, en ocasiones, deslucidos. La raza del quinto ejemplar sostuvo una tarde en la que destacó la entrega sin fisuras de los espadas.
Arbeláez - Colombia. La tarde del domingo en la Maestranza no fue de complacencias ni de triunfos fáciles. Fue, más bien, una de esas jornadas en las que la verdad del toreo se mide sin concesiones, donde cada embestida plantea un dilema y cada muletazo exige una decisión firme. El encierro de Fuente Ymbro, bien presentado y de innegable seriedad, ofreció un comportamiento dispar que puso a prueba el oficio, la técnica y, sobre todo, el valor de la terna.
Desde la apertura del festejo, el primero, “Cazador”, ya marcó el tono de la corrida: un toro con transmisión intermitente, incierto en sus acometidas y con esa peligrosa tendencia a medir que obliga al torero a exponerse más allá de lo habitual. Álvaro Lorenzo respondió con firmeza y buen concepto, logrando pasajes de mérito especialmente en cercanías, donde el toledano dejó patente su determinación frente a un animal que nunca regaló una embestida franca. La ovación tras aviso fue el reconocimiento a una faena de compromiso más que de lucimiento.
El segundo, “Laminado”, acentuó la línea de la incertidumbre. Con movilidad, pero sin clase, desarrollando pronto sentido, puso en aprietos a Rafael Serna, quien, lejos de rehuir el compromiso, se mantuvo en el sitio, intentando estructurar un trasteo basado en la distancia y el temple. La falta de uniformidad en las embestidas y el peligro creciente impidieron que la faena tomara vuelo, pero no restaron mérito a la disposición del sevillano.
El tercer capítulo lo firmó “Jarrero”, un toro de mejor condición inicial, con cierta calidad en el inicio de muleta, pero que pronto evidenció su querencia a tablas y acabó rajándose. José Fernando Molina dejó detalles de buen gusto, especialmente en el inicio genuflexo, pero se vio obligado a abreviar ante la falta de entrega del astado.
La tarde vivió un punto de inflexión con el cuarto, “Pardillo”, que evidenció problemas físicos desde salida, generando la protesta del respetable y siendo finalmente devuelto. En su lugar apareció “Guerrilhero”, de Murteira Grave, un toro noble pero falto de poder y transmisión. Nuevamente Álvaro Lorenzo se encontró sin un oponente que permitiera el lucimiento, quedando su labor en un intento estéril por construir una faena sin materia prima.
Pero fue el quinto, “Escogeperro”, el que devolvió la esperanza al ruedo sevillano. Un toro encastado, con bravura y humillación, que exigía mando, sitio y cabeza. Rafael Serna, consciente de la oportunidad, planteó una faena de menos a más, encontrando la clave en la distancia y el gobierno por abajo. La diestra fue el eje de un trasteo que creció en intensidad, con series ligadas y una conexión evidente con los tendidos. La música acompañó el momento culminante de la tarde, en una faena de entrega y verdad que culminó con una estocada efectiva. La oreja, acompañada de la ovación al toro en el arrastre, reconoció la dimensión de ambos protagonistas.
Cerró plaza “Pijotero”, un toro serio, con volumen y exigencia, pero que fue perdiendo fuelle a medida que avanzaba la faena. José Fernando Molina apostó por un inicio vibrante, de rodillas, conectando con el público en los primeros compases. Sin embargo, la condición del toro, cada vez más brusco y menos colaborador, unida al molesto viento, impidieron que el trasteo alcanzara mayor altura. La falta de acierto con la espada diluyó sus opciones.
En conjunto, la corrida fue un fiel reflejo de la dureza del oficio: toros desiguales, algunos con peligro, otros sin transmisión, y uno, el quinto, que sacó a relucir la grandeza del toreo. La terna, lejos de esconderse, asumió riesgos y expuso su verdad en cada turno. Porque cuando el material no acompaña, es el torero quien debe sostener la tarde, y en Sevilla, este domingo, lo hicieron con creces.








