Sevilla: Sangre, Mando y Verdad

Sevilla: Sangre, Mando y Verdad

20.04.2026  04:01 p.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Tarde de alta tensión en la Real Maestranza, marcada por la entrega, la épica y el drama. Morante dejó destellos de arte antes de caer herido; Borja Jiménez firmó una actuación de autoridad y compromiso absoluto, cuajando dos faenas de peso; y Tomás Rufo lidió un lote sin opciones claras. El encierro, de juego desigual, ofreció transmisión, exigencia y momentos de emoción intensa.

Arbeláez - Colombia. Sevilla volvió a latir con pulso de historia en una tarde donde la tauromaquia se escribió con tinta espesa: la del valor, la técnica depurada y, también, la sangre. Con el cartel de “No hay billetes” prendido en la solera de la Real Maestranza, el noveno festejo de la Feria de abril 2026 ofreció un encierro de Hermanos García Jiménez, completado con un sexto de Olga Jiménez, de comportamiento variado, donde la transmisión se impuso a la bravura plena y la exigencia marcó el compás de la lidia.

Abrió plaza “Pelifino”, toro serio y fino de hechuras, justo de fuerzas, pero con son y calidad por el pitón derecho. Desde el inicio, Morante de la Puebla administró con inteligencia las inercias de una embestida corta, alternando verónicas y chicuelinas con esa plasticidad que no se aprende. En la muleta, la faena tuvo aroma caro, sobre todo por la diestra, donde el temple y la ligazón se dieron en un palmo de terreno. Hubo instantes de toreo grande, aunque el toro, falto de raza, no permitió redondear la obra. Al natural, el de La Puebla firmó una serie de mucha verdad, cerrando con una estocada efectiva. Oreja con petición de la segunda, mientras ya se intuía una tarde de emociones crecientes.

El segundo, “Almendrito”, fue protestado de salida por su escaso trapío, pero ofreció una embestida compleja, con tendencia a venirse por dentro. Borja Jiménez, firme y poderoso, entendió desde el inicio que la clave residía en el sitio y el tiempo. Lo llevó largo, con mano baja y trazo firme, construyendo una faena de dominio técnico, donde destacó una serie al natural de gran pureza. Mató de estocada efectiva y paseó una oreja que premió su capacidad de imponerse a un toro nada sencillo.

El tercero, “Terremoto”, mostró menos clase y más aspereza. Tomás Rufo, voluntarioso, intentó ordenar una embestida descompuesta que encontraba mejor expresión en terrenos paralelos a tablas. El pitón izquierdo ofrecía mayores posibilidades, pero la faena no terminó de romper. Hubo muletazos templados, pero faltó rotundidad. La estocada, trasera y desprendida, dejó una ovación al toro y tibias palmas al torero.

El cuarto, “Clandestino”, cambió el signo de la tarde. Toro sin celo definido, de comportamiento incierto, que terminó prendiendo a Morante en un dramático episodio que heló la plaza. El silencio se hizo absoluto mientras el maestro era trasladado a la enfermería. La tarde, entonces, adquirió un tono épico.

Borja Jiménez asumió la responsabilidad con una determinación conmovedora. De rodillas, en el centro del ruedo, inició una faena de poder seco y entrega total. El toro, exigente, con transmisión y sin claridad, obligaba a una lidia de máxima precisión. Borja lo sometió con verticalidad, ajustándose a pies juntos, hilvanando muletazos de enorme mérito tanto por la diestra como al natural. Hubo exposición, mando y verdad en cada cite. Cuando el toro empezó a venirse a menos, el sevillano impuso su supremacía, logrando una serie final de gran temple en línea curva. Falló con la espada en los primeros intentos y recibió un fuerte golpe en la boca del estómago, pero volvió a la cara del toro con determinación hasta lograr la estocada. La vuelta al ruedo supo a gesta.

El quinto titular fue devuelto por rotura de pitón, dando paso al sobrero “Mariposo”, un toro con presencia, pero de comportamiento deslucido. Tomás Rufo, que brindó a la puerta de la enfermería, intentó construir una faena sobre la diestra desde los medios. El toro, de buen embroque inicial, pero finales deslucidos y tendencia a moverse sobre las manos, no permitió continuidad ni emoción. La labor del torero de Pepino quedó diluida en un trasteo de tono medio.

Cerró plaza “Sosito”, el único de Olga Jiménez, un toro serio por delante, con prontitud más que bravura y cierta debilidad que condicionó su embestida. Borja Jiménez lo recibió a portagayola, prolongando después el saludo de rodillas a la verónica, encendiendo a los tendidos. En la muleta, comenzó con cambiados por la espalda de máximo ajuste, llevando la emoción a lo más alto. La faena, de gran limpieza, se estructuró con inteligencia: distancia, pulso y temple para ordenar una embestida descompuesta. Muy vertical, muy asentado, destacó al natural con pureza y profundidad. Amplió el compás en las series finales, buscando una mayor curva en el muletazo. La estocada, trasera y algo atravesada, no fue suficiente para la segunda oreja que el público pidió con fuerza, pero el palco mantuvo el criterio. Paseó un trofeo que cerró una tarde de consagración.

La corrida, en su conjunto, ofreció toros de comportamiento desigual, donde la transmisión y la exigencia superaron a la bravura clásica. Hubo emoción, momentos de gran toreo y un episodio dramático que marcó la jornada.

Morante de la Puebla dejó el perfume de su arte antes de pagar con sangre. Tomás Rufo se estrelló contra un lote sin opciones claras. Y Borja Jiménez, con mando, técnica y un valor seco y sereno, emergió como eje de la tarde, firmando una actuación que Sevilla no olvidará fácilmente.

Parte Médico

Cornada muy grave ‘en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacia postanal y retro rectal. Pronóstico: muy grave’.

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