Tito Valderrama Barrera QEPD: Decisión y Legado

Tito Valderrama Barrera QEPD: Decisión y Legado

21.02.2026  11:02 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La partida de Tito Valderrama Barrera, novillero y empresario taurino sogamoseño, deja al descubierto la dimensión humana y profesional de quien hizo de la tauromaquia una decisión de vida. Entre el capote y la contabilidad, entre la arena y la familia, su nombre queda inscrito como símbolo de vocación, riesgo y legado cultural en Boyacá.

Arbeláez – Colombia. En medio del silencio respetuoso que hoy embarga a la afición boyacense, la ciudad de Sogamoso inclina sus banderas y recoge sus recuerdos para despedir a uno de los suyos: un hombre forjado entre la arena del ruedo y la firmeza de la palabra cumplida, cuya vida estuvo marcada por la vocación taurina, el compromiso empresarial y la devoción por su familia.

SOGAMOSO DESPIDE A UN HOMBRE DE PLAZA Y PALABRA: NOVILLERO, EMPRESARIO, PADRE Y LEGADO

En el corazón de Sogamoso y en buena parte de la geografía taurina de Boyacá, el nombre de Tito Valderrama Barrera no fue solo un anuncio en carteles o un eco en los tendidos: fue una declaración de principios. Novillero en su juventud, empresario taurino en su madurez y padre ejemplar en la intimidad del hogar, asumió la tauromaquia como una decisión de vida, con todo lo que ello implica: gloria efímera, sacrificio constante y una fe inquebrantable en la cultura que defendía.

Hablar de Tito es hacer remembranza del maletilla que soñó frente al espejo con el traje de luces. De aquel joven que, con más ilusión que recursos, entendió que la plaza no concede nada que no se gane a pulso. El novillero conoce el miedo en su forma más pura: el cite en terrenos comprometidos, el embroque ajustado, la media verónica templada que exige mando y serenidad. Tito transitó esa etapa con la convicción de quien entiende que el toreo no es improvisación, sino disciplina y respeto por el toro.

Pero su historia no quedó en el ruedo. Cuando los años y las circunstancias lo llevaron a cambiar la muleta por la organización, abrazó la compleja y muchas veces incomprendida labor empresarial. Y allí demostró que la bravura no solo se mide frente a un astado, sino también en los despachos, en la firma de contratos, en la apuesta económica que puede sostener o hundir una temporada.

Hacer remembranza al maletilla y a la actividad empresarial taurina, que no es fácil; los riesgos económicos son altos y quien los afronta lo hace más por apoyar la expresión cultural que por beneficio económico”, solía reflexionarse en su entorno. Y esa frase lo retrata con exactitud. En tiempos donde organizar una corrida implica enfrentar incertidumbres jurídicas, costos logísticos elevados y un clima social cambiante, Tito apostó por mantener viva la llama de la fiesta brava en plazas boyacenses que, sin empresarios valientes, habrían quedado en silencio.

Ser empresario taurino es conjugar arte y administración: contratar cuadrillas, garantizar la seriedad del encierro, responder por la seguridad, asumir la taquilla incierta y, aun así, velar porque el espectáculo conserve dignidad. Tito comprendió que la tauromaquia es una cadena donde cada eslabón, ganadero, torero, subalterno, aficionado, depende de la firmeza del otro. Su gestión no fue la de un mero gestor de eventos, sino la de un custodio de tradición.

Sin embargo, por encima del novillero y del empresario estuvo siempre el padre. Su mayor orgullo no fue una tarde de ovación ni una feria exitosa, sino el legado humano que dejó en su hijo Andrés y en toda su familia. La tauromaquia, para Tito, no era solo espectáculo: era escuela de valores. Honor, responsabilidad, palabra empeñada y valentía para enfrentar la vida como se enfrenta un toro: de frente, sin ventajas.

Hoy, el duelo enluta a la familia Valderrama y a la comunidad sogamoseña. Desde la Cámara de Comercio de Sogamoso se expresó un mensaje que sintetiza el sentimiento colectivo:

Con profundo pesar, desde la Cámara de Comercio de Sogamoso expresamos nuestras más sinceras condolencias a nuestro compañero Andrés Valderrama y a su familia, por el fallecimiento de su señor padre, Tito Valderrama Barrera. Nos unimos en oración y solidaridad en este momento de dolor, deseando fortaleza, consuelo y paz para sus seres queridos. Quienes deseen acompañar a la familia, la velación se realizará desde hoy a partir de las 2 pm en la Funeraria Orduz. El sepelio tendrá lugar el domingo 22 de febrero a la 1:00 p.m. en la Catedral. Acompañamos a Andrés y a su familia con respeto y afecto en este difícil momento.

Las palabras institucionales se suman al sentir de los aficionados que lo vieron crecer y consolidarse. En los corrillos taurinos se habla de su rectitud, de su capacidad para sostener ferias cuando el panorama era adverso, de su empeño en que cada cartel tuviera coherencia y categoría.

La muerte, inevitable y silenciosa, baja el telón de su presencia física, pero no apaga su legado. Porque la verdadera decisión de vida no termina con el último paseíllo; continúa en la memoria de quienes aprendieron que la cultura se defiende con hechos, no con discursos. Tito Valderrama Barrera entendió que la tauromaquia es riesgo, sí, pero también es identidad. Y eligió, con plena conciencia, cargar sobre sus hombros el peso de esa responsabilidad.

Hoy Sogamoso despide a un hombre que vivió entre el albero y la empresa, entre el riesgo y la fe, entre la tradición y la familia. Su historia confirma que hay decisiones que no se toman por conveniencia, sino por convicción. Y la suya fue clara: servir a la fiesta, honrar su apellido y dejar un legado que, como el buen toreo, perdura más allá del tiempo.

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