Última de Feria: Manizales se Viste de Negro y Oro

Última de Feria: Manizales se Viste de Negro y Oro

11.01.2026  06:40 a.m.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

La corrida de hoy, cierre de la Temporada Taurina de Manizales 2026, reúne todos los ingredientes de una tarde histórica: un encierro de la legendaria ganadería Ernesto Gutiérrez y un cartel de máxima categoría con Sebastián Castella, Juan Ortega y David de Miranda, en una cita llamada a rubricar la feria con un auténtico broche de oro.

Manizales - Colombia. La Plaza de Toros de Manizales amanece hoy con ese aire solemne que solo tienen las grandes tardes. No es una corrida más. Es el cierre de la Temporada Taurina de Manizales 2026, una cita marcada en rojo en el calendario de los aficionados, de esas que se recuerdan por años y que se miden no solo por el número de orejas, sino por la profundidad de la emoción vivida en el ruedo. El coso caldense se prepara para despedir la feria con un encierro de la ganadería Ernesto Gutiérrez, divisa negra y oro, sinónimo de historia, seriedad y bravura contrastada, y un cartel que conjuga figura, clasicismo y ambición.

Hablar de Ernesto Gutiérrez es hablar de una de las columnas vertebrales del toro bravo colombiano. Fundada en 1948 y con antigüedad en Manizales desde agosto de 1954, esta vacada hunde sus raíces en la mítica “Dosgutiérrez”, hierro que marcó época y que, tras su división en 1969, dio lugar a dos ramas idénticas en origen, una de ellas la que hoy nos convoca. Su procedencia es un verdadero tratado de ganadería: vacas criollas del Tablón, sangre de Clara Sierra y Las Mercedes, estirpe mexicana de San Mateo, reforzada luego con Vistahermosa, hasta llegar al punto de inflexión de 1952 con la importación de Murube puro de Antonio Urquijo de Federico, completada en 1954 con un nuevo envío de treinta becerras del mismo tronco.

A ese fondo Murube se sumó, en 1962, la sangre Santa Coloma de Joaquín Buendía Peña, aportando temperamento, movilidad y ese punto de picante que exige al torero estar siempre colocado y con la muleta baja. La ganadería vivió búsquedas, aciertos y descartes, como el intento fallido con Conde de la Corte en los años ochenta, hasta consolidar un tipo propio, serio por delante, bien armado y con un comportamiento que premia la técnica, el temple y la inteligencia en la lidia. La última gran apuesta personal de Ernesto Gutiérrez Arango fue la importación del toro “Canastito” en 1995, encaste Murube, simiente que aún hoy se deja sentir en la dehesa. Tras su fallecimiento en 1997, sus herederos han mantenido con respeto y rigor el nombre y la filosofía de la casa, bajo la representación de Miguel Gutiérrez Botero.

Este encierro, reseñado para hoy, llega con el cartel de “corrida de responsabilidad”. Toros hechos, con trapío de plaza de primera y esa incógnita bendita que convierte la tarde en examen para los hombres de luces. Un ganado que no regala nada, pero que, cuando embiste, lo hace con clase, duración y emoción verdadera.

Para enfrentarlo, Manizales ha apostado por un cartel de máxima solvencia. Sebastián Castella, figura indiscutible del toreo contemporáneo, vuelve a pisar el ruedo manizaleño con el aval de una trayectoria marcada por el triunfo en las plazas más exigentes del mundo. El torero de Béziers, formado en la escuela de la disciplina y el valor, es hoy sinónimo de poder, firmeza y capacidad para someter encastes diversos. Su historial en Madrid, con múltiples Puertas Grandes y faenas de enorme calado, habla de un matador que sabe estar en las tardes clave. Castella llega como eje del cartel, consciente de que una corrida de Ernesto Gutiérrez exige mando, colocación y una muleta siempre por delante.

A su lado, Juan Ortega aporta el aroma del toreo clásico, la estética depurada y el gusto por el detalle. Sevillano de cuna y concepto, Ortega es de esos toreros que convierten cada lance en una búsqueda de la pureza. Su toreo, reposado y cargado de intención, conecta con el aficionado que valora la despaciosidad y el trazo largo. En una corrida de fondo Murube–Santa Coloma, su capacidad para templar y llevar cosida la embestida puede encontrar un terreno propicio para el lucimiento grande, de ese que se paladea en silencio antes del rugido del tendido.

Completa la terna David de Miranda, un torero forjado a base de esfuerzo, que ha sabido ganarse cada contrato con hechos y no con promesas. Su alternativa de manos de José Tomás y sus contundentes actuaciones en plazas como Madrid y Nimes lo avalan como un diestro poderoso, entregado y con hambre de triunfo. De Miranda llega a Manizales con la ambición intacta, sabiendo que estas corridas son las que pueden cambiar el signo de una temporada. Su concepto, más directo y de verdad, puede ser clave ante un encierro que pida firmeza y decisión desde el primer muletazo.

La corrida de hoy no es solo el cierre de una feria; es la síntesis de una temporada que Manizales ha construido con respeto a la tauromaquia, apostando por la seriedad del toro y la categoría de los toreros. El ambiente en la ciudad lo dice todo: conversaciones de café que giran en torno al encierro, apuestas sobre cuál será el toro de la tarde, ilusión renovada en los más jóvenes y esa emoción contenida del aficionado viejo que sabe que puede estar ante una de esas corridas que dejan poso.

Cuando esta tarde suene el clarín y se abran chiqueros, Manizales se vestirá definitivamente de negro y oro. El ruedo dictará sentencia. Si los toros embisten y los toreros están a la altura, la Temporada Taurina de Manizales 2026 puede despedirse como merece: con emoción, verdad y torería, rubricando una feria que apuesta por la esencia y por la grandeza del toreo.

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