
15.06.2026 08:04 a.m.
Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes - https://todotoroblog.blogspot.com - Web Aliada
El San Isidro de 1970 marcó el punto culminante de la rivalidad entre El Cordobés y Paco Camino. Entre gestas históricas, confirmaciones importantes y récords de asistencia y triunfos, la temporada consolidó una época que transformó profundamente la tauromaquia moderna y dejó una huella imborrable en su historia.
Cali - Colombia. El San Isidro de 1970 fue escenario de la extensión del período. En el año anterior (69) último cronológico de la década, El Cordobés no había querido asistir, sustrayéndose y formando guerrilla extra metropolitana con el aún no confirmado, pero tratado desde su alternativa como figura por la publicidad, la taquilla y las empresas, Palomo Linares.
La rivalidad del “Huracán” de Palma del Río y Paco Camino “El sabio de Camas”, los dos exponentes de las tauromaquias enfrentadas durante la “revolución” sesentera, que ya había tenido incluso un amago de agresión física mutua, cinco años antes en el ruedo de Aranjuez, llegó a su colmo.
El uno exigió por dos corridas la entonces inédita y astronómica cifra de ocho millones de pesetas, poco menos de 250.000 euros hoy, (en capacidad adquisitiva presente según IA), y se las dieron. Por su parte, el camero, adalid de la restauración, reclamando “soy el primero”, pidió “trescientas mil pesetas más de las que cobrara El Cordobés”. Y no se las dieron. Resultado, Camino quedó fuera de la feria.
Una feria que, a consecuencias del boom cordobesista, había subido a dieciocho festejos, y en los cuales ocurrieron cosas propias del pugnaz momento.
Una. Al fin, exactamente cuatro años después de haber tomado su alternativa y ya rico, Sebastián Palomo Linares vino a Las Ventas y confirmó, la tarde del 19 de mayo con toros de Antonio Pérez Angoso, de manos de Curro Romero y con el testimonio de Juan José García. Muy discretamente, por cierto; silenciado en el de la ceremonia y protestado en el otro.
Dos días después de la gris presentación de su conmilitón, El Cordobés comienza a marcar el que sería punto máximo de su carrera. Con cartel de “No hay billetes” en sus dos corridas, obtiene dos triunfos estruendosos, cortando primero las cuatro orejas de sus dos toros de Juan Mari Pérez-Tabernero, y saliendo a hombros por la Puerta grande, con Gregorio Sánchez y El Viti. Y como si fuera poco volviendo a la catedral a los tres días y repitiendo la apoteosis. Esta vez con toros de Atanasio Fernández y alternando con Diego Puerta y Rafael Torres, quien confirmaba. Ocho Orejas de cuatro toros (“todo lo cortable”), en dos corridas consecutivas en Las Ventas. Hazaña solo conseguida antes por el heroico Chicuelo II en 1954 y hasta hoy nunca repetida. Algunos de los más reticentes exclamaron, “Ahora sí”. Fue cuando Antonio Díaz Cañabate escribió con sorna aquello ya referido de: “Al menos salvemos el rabo”, tras ser negada la furiosa petición.
Pero ahí no quedó la cosa. El excluido Paco Camino, respondió, ya fuera del abono de San Isidro, en el mismo ruedo, el 4 de junio, “Corrida de la Beneficencia”. Se encerró solo con siete toros (regaló el sobrero), de diferentes ganaderías y encastes: Juan Pedro Domecq (1º y 4º), Joaquín Buendía (5º), Felipe Bartolomé (7º), Eduardo Miura (3º), Urquijo (2º) y Manuel Arranz (6º). Y les cortó también ocho orejas, pero en una sola corrida. Histórico.
“Soy el primero”, reclamó y denunció a su rival por lo mismo que han denunciado a casi todos los mandones a lo largo de la historia del toreo: vetar compañeros que exigen el sorteo y se oponen a que sus representantes hagan y elijan los lotes. Denuncia respaldada por el joven madrileño Ángel Teruel quien desde sus comienzos se había unido a la causa “contrarrevolucionaria”: “Estoy harto de El Cordobés..., que se vaya a torear junto con Palomo al circo”. Rememora Diego Lechuga en su libro de 1997 “Cincuenta ferias de San Isidro”.
Pero pasaron más cosas notables en aquella feria del 70. El Viti, que no tomaba partido en confrontaciones personales, pero cuya tauromaquia era paradigma del clasicismo, refrendó su reinado en Madrid, siendo al final reconocido por los jurados y por la crítica tradicionalista como triunfador de la feria, por las cinco orejas obtenidas en ella, despreciando las ocho de El Cordobés. Así era la cosa.
Feria en la que confirmaron, además de Palomo y Rafael Torres, ya referenciados, los mexicanos Manolo Martínez, decorosamente, y triunfalmente Antonio Lomelín Migoni. El primero, el 22 de mayo, con toros de Baltasar Ibán, de manos de El Viti y Palomo Linares, cortando oreja al toro de la confirmación. El segundo, el impactante Lomelín, el 28 de mayo, con toros de Moreno de la Cova, y padrinazgo de Andrés Vázquez, cortando tres orejas y abriendo la Puerta grande.
Al final de la temporada, El Cordobés ratificó su mandato encabezando las estadísticas y rompiendo con 121 corridas su propio record de 111 cinco años antes, con que había superado las 109 de Belmonte en 1920. Sus siete años de alternativa habían disparado e internacionalizado la fiesta como nunca, pero también la habían precipitado por un camino de comercialización e inflación que persiste. Su toreo indómito, producto y alegoría de la contestataria época, marcó su generación torera y aficionada, y las que siguieron. Se agregó a la historia de la tauromaquia más allá del anécdota en que han querido convertirla. Pero claro, todo eso no hubiese sido posible sin el genial contraste de sus rivales, ahora clásicos. Tiempo irrepetible.
El año cerró al anochecer del 31 de diciembre en Cali. Con toros mexicanos de José Julián Llaguno; Pepe Cáceres y Palomo Linares, quien sustituyó a El Cordobés, que se había excusado médicamente, se fueron en blanco. Mientras que el muy mexicano Eloy Cavazos impidió un final lánguido e inmerecido para la inolvidable temporada mundial. Desorejó al sexto, abrió a hombros la Puerta Señor de los Cristales y sacó a todo el mundo enfiestado de la plaza a esperar el 1971, que ya en España, cumplía las siete horas de vida.
No era el fin de la época. Este se produciría un año después, cuando El Cordobés, tras encabezar por última vez las estadísticas, iniciaría su primera larga retirada...








